"La Estela de Luz por fin funcionó, un año y cuatro meses después de que debió haber sido puesta en operaciones. Serán los mexicanos que vean la obra quienes decidan si la construcción valió la pena para conmemorar los 200 años de vida de México. Lo cierto es que los retrasos, los costos y las denuncias que ha generado la obra ameritan una mayor rendición de cuentas.
El sábado pasado se inauguró la Estela de Luz. Se trata una estructura sobre Paseo de la Reforma de poco más de cien metros de alto que consta de placas de cuarzo traslúcidas que transmiten luz de diversa intensidad. En la ceremonia, el presidente de la Republica, Felipe Calderón, dijo que la edificación es un homenaje a los héroes de la patria. Afirmó que la obra ""representa la enorme capacidad artística y técnica de los arquitectos y de los ingenieros de nuestros país"" y sobre su utilidad dijo que habrá de convertirse en centro de actividades culturales y esparcimiento enfocadas a niños y jóvenes.
Pese a las virtudes antes descritas, ha quedado la duda entre ciudadanos y personalidades de diversos ámbitos si la estructura era necesaria o pertinente en el marco del Bicentenario de la Independencia. ¿Una obra menos costosa y menos demorada no pudo haber contenido también el espíritu nacional y la reflexión acerca del pasado y futuro de la nación?
Pero más importantes aun es que el gobierno federal aclare todas las sospechas de negligencia o corrupción. El hecho de que el costo pasara de menos de 40 millones de pesos a más de mil ha hecho que las sanciones contra algunos funcionarios menores dejen insatisfecha la exigencia de una investigación a fondo.
Si bien la convocatoria y las bases del concurso para la construcción de la obra pudieron estar en orden, según dice el gobierno federal, las reacciones de rechazo de diversos sectores sociales y políticos obligan a los responsables públicos y privados a informes más detallados.
Lo ideal sería que el gobierno federal y la empresa no esperaran a que organismos distintos al Ejecutivo, como la Auditoría Superior de la Federación, denuncien -conforme a la revisión de la cuenta pública- posibles irregularidades. Cuando las cuentas ven luz a través de acusaciones y no por los deseos de transparencia de los responsables, las sospechas de corrupción de los detractores cobran sentido.
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