Una exigencia: transparentar comicios

Los costos de las campanas electorales y preelectorales en México muestran una preocupante tendencia a dispararse. Ello despierta desconfianza e inconformidad de la ciudadanía, sobre todo porque estas erogaciones no se están llevando a cabo con la transparencia necesaria.

Disgusta a los mexicanos que los incrementos de costo se deban no a que la campana se enriquezca en contenido y en contacto con los electores, sino porque cada vez en mayor grado la actividad proselitista se realiza a través de los medios masivos electrónicos, los que se llevan la tajada del león de ese dinero que finalmente de manera directa o indirecta aporta la ciudadanía.

Existe desorden en los topes de gastos que fijan los partidos para las precampanas, y en especial las que definirán la postulación de sus candidatos a la Presidencia.

Al no utilizar recursos del IFE, las normas se establecen de manera arbitraria, lo que, por ejemplo, hace que en el caso el PAN los aspirantes vayan a gastar proporcionalmente 51 veces más en la campana interna que en la campana presidencial. Los partidos han fijado topes que, si se miden por el gasto diario por candidato, muestran una gran disparidad y revelan hasta qué grado los precandidatos se ven ante la posibilidad de asumir compromisos con intereses externos deseosos de apoyarlos a cambio de ulteriores favores.

Se ha puesto de relieve en estos días la necesidad de transparentar los gastos electorales de manera integral. El problema suscitado en el estado de México sobre las licitaciones de compras de material electoral del Instituto Electoral de ese estado muestra que hay que hacer algo.

A este respecto, el Instituto Federal Electoral (IFE) dio a conocer que el organismo ciudadano Transparencia Internacional, Capítulo México, se encargará de vigilar las compras de material electoral y la contratación de servicios que haga al IFE en el proceso comicial del ano próximo. De esta manera, el IFE pretende alejar cualquier sombra de duda sobre su desempeno, y garantizar que la ciudadanía conocerá todo detalle de la organización del proceso.

Es necesario, en tal sentido, que los partidos políticos declaren una disposición similar a ser observados por organismos ciudadanos independientes, de modo que exista un árbitro imparcial que esté en posibilidad de certificar el respeto a los topes de campana y otras salvaguardas que establezcan los propios partidos.

Pero también es necesario atender el reclamo ciudadano que pide reducir el dispendio de la actividad electoral. Por lo pronto, resulta penosos que el costo acordado de las precampanas del PAN sea mayor todavía al que alcanzaron estos procesos al interior del PRI, hace seis anos, y aunque este partido aún no ha fijado sus topes para este ano en ese sentido, es de desear que prive un espíritu de austeridad.

Es importante además que los partidos políticos mexicanos hagan un esfuerzo para alejarse de esa tendencia, tan extendida en el mundo actual, que privilegia la adquisición del poder a cualquier costo. Debería privilegiarse el intercambio de propuestas y el debate ideológico como premisas esenciales de las campanas. Ello implica reducir a un mínimo los mensajes publicitarios basados en la invectiva o en la frase efectista sin contenido ni compromiso político.

Todavía estamos muy a tiempo para que se tomen las medidas que garanticen que las elecciones de 2006 confirmen la intención de los mexicanos de consolidar una democracia eficaz y transparente. (El Universal).