Una invasión de las armas

Permisividad y corrupción permiten que México comience a inundarse de armas, que lo mismo dan capacidad de fuego a los grandes cárteles de las drogas, que a delincuentes comunes o a grupos violentos con reivindicaciones políticas. El trasiego está documentado, pero pasa frente a la autoridad sin que nadie se ocupe de frenarlo. Un riesgo no menor.

Durante esta semana se han publicado diversas caras del fenómeno: el mercado negro de explosivos en Oaxaca, un tianguis de armas en Arizona que nutre a los mexicanos, los 17 puntos de entrada a México que hay en la frontera norte, el incremento de calibres y peligrosidad del arsenal que usan los criminales.

Se visitaron los lugares, se revisaron documentos oficiales y se entrevistó a funcionarios de distinto nivel de autoridad, cada uno de los cuales reconoció el tamano de la problemática, sin que alguno tenga claro cómo se va a detener este ilegal flujo.

Justo es reconocer que en algunas regiones o sectores del país es costumbre usar armas, pero no estas que, como se ha documentado, circulan libremente.

La sociedad mexicana no ha sido particularmente partidaria de una cultura bélica, como es el caso de nuestros vecinos del norte, que inclusive tienen vigorosas organizaciones que defienden el derecho a portar armas, pero todo parece indicar que estamos en un camino semejante.

Cada vez se ve y se habla con mayor naturalidad en México de escuadras, ametralladoras, armas que no tienen nada que ver con la idiosincrasia autóctona y sí con un creciente número de hechos delictivos.

El espejo en el que tenemos que mirarnos es aquel en el que se convive con las armas y su secuela de violencia. Las investigaciones de la más reciente matanza de estudiantes en el tecnológico de Virginia, en Estados Unidos, comprobó que el autor material pudo adquirir, con sólo una identificación, armas de asalto.

Tal no puede ser nuestro destino. Ni podemos tolerar que cada delincuente callejero cuente con capacidad de fuego. Casi dos personas al día son detenidas en el DF portando armas y en otros espacios de la República es claro cómo los narcotraficantes y secuestradores portan armamento militar de alto poder, como misiles y hasta cohetes teledirigidos.

Debe llegar un punto de quiebre donde la corrupción que aceita esta cadena de comercialización criminal sea detenida, no sólo para bajar los índices delincuenciales, sino para recuperar la paz social y la democracia misma, incluso la estabilidad del gobierno y del Estado mexicano.

No permitamos que cunda la cultura de la muerte de la que sólo se benefician los mercenarios. Falta mayor vigilancia y probidad en las aduanas -otra vez las aduanas-, así como un gran rigor en los controles que el Ejército hace de explosivos, municiones, pistolas y rifles. Necesitamos desmantelar las redes de contrabando y distribución de estos artefactos, que todo parece indicar que están perfectamente detectadas, pero que por alguna razón, logística o política, nadie se atreve a atacar de fondo.

zQuién gana inundando a México con armas de fuego? Es tiempo de conjurar su llegada y de evitar ser una sociedad bajo la mira. (El Universal).