Una izquierda moderna| ya

"México está urgido de una izquierda moderna -utopía difícil de concebir cuando apenas tenemos algo que pueda llamarse izquierda-, es decir, una corriente política que en verdad esté dedicada a mejorar la calidad de vida de la gran masa indigente, y no lo simule con un discurso de adjetivos y mentiras, manipulador y perverso, para tomar el poder inspirada en los peores ejemplos de las ""democracias populares"" (sic).

Brasil, Chile y Uruguay, para no remontarnos hasta la península escandinava, Espana, Francia e Italia, muestran en nuestro continente de qué manera es posible construir un régimen de izquierda sin mengua de la libertad ni necesidad de someterse a despotismos anacrónicos.

En rigor, no tenemos partidos de izquierda, aunque en ellos militen políticos que auténticamente lo son.

Hay, en cambio, vías factibles que seguir, como la socialdemocracia, en busca de oportunidades para recuperarse de la declinación que siguió a su auge, hace medio siglo.

El Partido de la Revolución Democrática (PRD), que se proclamaba de izquierda, exhibió muy pronto su falsía y se declaró destructor de instituciones a tal grado que casi acaba con él mismo. No se puede creer que sea capaz de gobernar una nación cuando ni siquiera se autogobierna y pretende hacerlo con dos cabezas enfrentadas a muerte. La disputa por la dirigencia ha llevado casi todo el ano.

El resultado es que el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador ya perdió a más de 40% de los electores que le dieron su voto hace dos anos, según estimaciones del Comité Ejecutivo Nacional perredista.

El temor es que en las elecciones de julio de 2009 perderá 20 puntos porcentuales. No es para alegrarse, sino para buscar alternativas viables de expresión política para un tercio de la nación mexicana.

Los conservadores de Latinoamérica

Cada país tiene características sociales, económicas, políticas e históricas sin parangón en otras regiones; sin embargo, en América Latina resulta sencillo dividir a la corriente ideológica identificada como izquierda en dos grandes apartados: los dogmáticos y los pragmáticos.



Hugo Chávez y Daniel Ortega, presidentes de Venezuela y Nicaragua, respectivamente, encabezan la primera lista. Acostumbrados a un lenguaje de ""resistencia"" -provienen de la oposición- justifican la acumulación de poder y la represión con una presunta lucha contra la ""oligarquía"".

En ambos países hay tensión electoral por comicios regionales. En Nicaragua, por un presunto fraude favorable al gobierno; en Venezuela, porque, a días de la elección, Chávez amaga con defender sus ""victorias"" incluso con tanques.

No parece accidente que esos regímenes parezcan más encerrados en su retórica y sus confrontaciones cuando por una razón u otra se afirma que han comenzado a perder la confianza de sus electores o como justificación para medidas de fuerza.

Nada hay más conservador que un político que busca retener el poder, sin importar su lenguaje. (El Universal)

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