Las celebraciones del mes diciembre tienen un significado diferente para los chiapanecos; con contrastes: lleno de felicidad por un lado para recibir el año nuevo; por el otro, melancolía porque la Navidad la pasaron bajo una lona, con un patrimonio en proceso de reconstrucción. Lo más importante fue la unión familiar.
Las huellas y los daños que dejó el terremoto del 7 de septiembre con magnitud 8.2 serán muy difíciles de olvidar; más, porque después de tres meses de lo sucedido, la herida sigue abierta en los 96 municipios donde se registraron afectaciones.
En Bahía de Paredón, por ejemplo, el avance en la edificación de las viviendas es notable; las calles que hace unos meses lucían desoladas con escombros por doquier, hoy se ven diferentes, de apoco las actividades comenzaron a normalizarse.
Para ellos -y seguramente para muchos más en otros municipios de la entidad- fue una Navidad distinta, en familia, con la esperanza de empezar una nueva vida en las vivienda reconstruidas.
En algunos hogares se observa la presencia de las personas; en otros, aún faltan algunos detalles como ventanas y puertas, lucen hasta el momento vacías. Los diseños son distintos.
En ese pueblo, que se ubica a 13 kilómetros de la cabecera municipal de Tonalá, quedaron enterradas muchas historias; desde jóvenes que tuvieron que lanzarse desde la ventana del segundo piso para salvarse, hasta señoras que quedaron bajo llave y soportaron toda la fuerza de la naturaleza.
El pueblo está de pie, avanzando en lo que se puede, con la incertidumbre de si las réplicas continuarán, de saber que Chiapas es un estado altamente sísmico.
Al interior de otras viviendas puede observarse la fe con la que viven las personas; en el desorden natural de las cosas debido al espacio reducido con el que se cuenta, resalta un altar religioso, cruces, veladoras e imágenes lo complementan; un par de flores marchitas y a un costado se encuentra una caja que confirma que la ayuda humanitaria sigue llegando.
Hay casos en los que los escombros siguen ahí, porque es difícil entrar y aceptar la realidad; el piso está levantado, la vivienda inservible, líneas interminables atraviesan las paredes. Su gente habita a un costado, en una galera que permite resguardarse del sol, pero se hicieron algunas adaptaciones para sobrevivir en lo que queda la reconstrucción de otra casa.












