"Las fricciones y tensiones en las muy complejas y diversas relaciones entre México y Estados Unidos son permanentes y tienen muy diversas causas. Si se pactase el libre tránsito de trabajadores, en forma legal y regulada -como algo de eso dejan ver iniciativas legislativas en el estado de UTA-, la relación estructural y permanente sería muy distinta, en términos positivos y de mayor alcance. La economía de Estados Unidos necesita del trabajo de los migrantes y éstos quieren ir allá a trabajar. No a votar. Si allá se quedan es por que hace poco años se clausuró la circularidad tradicional. En el norte se quebró el sistema, generando muchos más problemas en ambos lados de la frontera. Más intensos en la medida de una mayor ocurrencia de ciudadanos de otros países por territorio mexicano, buscando llegar a territorio de Estados Unidos.
Pero una cosa son asuntos estructurales y otras las ofensas criminales. La operación Rápido y Furioso de la ATP (la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de fuego y Explosivos) es un ejemplo perfecto de estas últimas. Y compromete al gobierno de Barack Obama en su conjunto. Porque si bien los operadores de Rápido y Furioso fueron los responsables de la sede Phoenix, Arizona, la autorización llegó de Washington; se dio luz verde para un operativo el cual prometía cientos de rifles y pistolas de alto calibre, hasta dos mil, por lo que se sabe; los cuales podrían terminar en manos de las empresas criminales transnacionales -como sucedió con la mayoría de las armas. Mandos superiores en Washington se convirtieron en proveedores de AK-47 y AR-15 y sus fusiles Barret de los cárteles mexicanos de narcotraficantes.
¡Ésa no era la intención! Pues por supuesto: pero ¿a quién en Washington se le ocurrió que se podían controlar los alijos de armas en territorio mexicano? ¡Y sin avisar a las autoridades mexicanas! El presidente Calderón se despedía del presidente Obama y en la tarde de ese mismo día estallaba el escándalo, para regocijo de los republicanos y de la Asociación Nacional del Rifle. Es decir, el resultado interno para Obama es que ha recibido un escupitajo en plena cara, lanzado por una agencia federal. Su política hacia México y su personal credibilidad se ha puesto en entredicho... por acciones de personal de su propio gobierno. Y no sólo por los de la ATP en Phoenix, si no todos aquellos (incluyendo a los del Departamento de Justicia) que autorizaron la operación. El recorrido de este autobús termina en el Salón Oval. Lo saben bien en Washington y la Ciudad de México.
Si los legisladores mexicanos analizan con seriedad lo ocurrido -y se dejan de escandalitos vanos sobre aviones espías, los cuales vuelan a 10 mil metros de altura y captan conversaciones y movimientos de capos- podrán comprender lo delicado de la situación y demandar a Erick Holder, de Janet Napolitano y de Robert Mueller y de los directores ""en activo"" de la DEA y la ATP las medidas prácticas que garanticen respeto a la soberanía y al territorio mexicano. Un trascendental vecino socio y amigo, dice el presidente Barack Obama.
Pronunciamiento que algunos de sus principales funcionarios no toman en serio.
Y así pretenden llevar adelante ""juegos de guerra"", ocultándolos hasta el servicio de aduanas y migración (ICE). ¿O el ICE también autorizó se dejaran correr cajas y contenedores con dos mil armas de asalto, para salir de Estados Unidos y entrar a territorio mexicano? Lo demencial de estos ""juegos de guerra"" puede quedar claro hasta para el señor Holder y para el Presidente de Estados Unidos. Y entonces hay que fincar responsabilidades legales, políticas y atender las diplomáticas. Y ello implica, por supuesto, al Departamento de Estado. ¿O los funcionarios de la ATP en Phoenix y quienes autorizaron la operación se burlaron de sus superiores en Washington (y de una nación: México) y se van a morir de la risa?
Coloquemos en sus justos términos el asunto: la credibilidad de la Casa Blanca en entredicho. Una cosa es lo que dice Obama; y otras las acciones de parte de su gobierno. ¿El embajador Carlos Pascual se queja de la falta de coordinación de las fuerzas que luchan en México contra las empresas criminales? Pues ahora tiene motivos para quejarse de oficinas enteras del Gobierno Federal de Estados Unidos, las cuales actúan en forma directa contra la política de Casa Blanca hacia México. Él no las puede controlar; pero la Casa Blanca, sí. Bueno: si le interesa a ésta controlar las oficinas de la rama ejecutiva del Gobierno de Estados Unidos. ¿Quién sabe?, a lo mejor ni eso.
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