Una perspectiva del Ejército mexicano

El Ejército mexicano vive hoy un periodo de transición. Es natural que así sea dadas las circunstancias que ha enfrentado el país en los anos recientes y que de una u otra forma vinculan a una institución que deberá garantizarnos la seguridad nacional del país.

Surgido de la Revolución de 1910, el Ejército mexicano ha sido y es motivo de orgullo nacional. El Escuadrón 201, por ejemplo, es un símbolo de nuestro apoyo a las democracias occidentales con las que nos identificamos en la Segunda Guerra Mundial. Está configurado para la defensa nacional, y así precisamente es como se designa a la secretaría de Estado que se encarga de su manejo total.

Ahora, dos especialistas del Instituto de Estudios Estratégicos, perteneciente al Colegio de Guerra del Ejército estadounidense, los canadienses Ian Nicholls y Jordi Díez, observan que en el Ejército mexicano está ocurriendo esa transición, lo cual se expresa en que hoy los nuevos oficiales son jóvenes de mentalidad más abierta y con una formación profesional más acabada.

Y si bien México no tiene ni la capacidad financiera ni tecnológica ni científica para aspirar a unas Fuerzas Armadas equiparables a las de hoy día, con misiles, apoyos satelitales y equipos personales de ciencia ficción, ni la necesidad ingente de ello, también es cierto que, según la recomendación que hacen los estudiosos canadienses en su investigación, aproximan la posibilidad de que pudiera haber un mayor acercamiento entre las Fuerzas Armadas de Canadá y las de México en campos de acción bien delimitados; en particular se refieren a que los mexicanos podrían entrenar a sus colegas canadienses en materia de lucha antidrogas, operaciones en montana, en desierto y selva.

Y es que, de un tiempo a esta parte, el Ejército mexicano es un cuerpo dedicado a las más nobles tareas posibles: salva, protege y auxilia a la población civil en casos de desastres, naturales o no. Combate al narcotráfico. Persigue el tráfico clandestino de armas. Vigila las instalaciones estratégicas de energía, comunicaciones y transportes. Difunde prácticas para mejorar las condiciones de vida y mantiene abiertas sus escuelas a las clases sociales con menores oportunidades de estudios superiores.

Así, concluido el ciclo de los generales que combatieron en la Revolución, y que allí ganaron sus insignias, los oficiales de la más alta graduación hoy ascienden en buena medida por la magnitud y calidad de su preparación académica, además de sus méritos en el servicio. En el aspecto político, los investigadores canadienses hacen una reflexión que resulta, por lo menos, interesante: hoy, en México existe una mayor y vigorosa presencia del secretario de la Defensa en el espectro político, y la entrada en vigor de la Ley de Transparencia ayudará a un mayor escrutinio de los políticos y de la sociedad civil sobre la vida militar.

Éstos, naturalmente, son dos aspectos que irremediablemente se tienen que considerar para entender el papel que hoy lleva a cabo el Ejército mexicano, así como la responsabilidad social que le corresponde, a la vista de todos los mexicanos.

Hace cinco anos, ante la alternancia en el poder, tuvieron un comportamiento ajustado estrictamente a la letra constitucional. Su jefe nato, el comandante supremo, el único general de cinco estrellas, es el Presidente de México, sin importar a qué partido pertenece. Eso no fue solamente una prueba de honor, sino una muestra de rectitud e integridad para todos.

Mientras tanto, transparentar cada uno de sus actos, en beneficio de la construcción de nuestra democracia es, sin duda, el cumplimiento de un requisito sociopolítico que incluye a todas las instituciones de gobierno. (El Universal).