"Ernesto Rivera Reyes tenía 27 anos cuando en 1997 fue designado Policía Distinguido de la Ciudad de México por haber frustrado a tiros un secuestro en la colonia Santa Úrsula. Una década después, este hombre que creía en derrotar a los malvivientes, y actuaba en consecuencia, cayó abatido por quienes se han cebado en la cobardía de muchos otros con o sin uniforme.
Este lunes, el policía Rivera Reyes cumplió con su deber: intervino en defensa de un ciudadano en los momentos en que era asaltado por dos delincuentes. No llevaba su chaleco antibalas. Lo mataron.
El policía caído perteneció a la clase de los que honran su uniforme y exponen su vida determinados a liquidar a los que se colocan fuera de la ley, una especie que crece cuando no encuentra resistencia, como sucedió por omisión en el sexenio pasado.
Durante los 14 anos y 4 meses que portó una placa, Rivera Reyes mostró un valor poco común, entabló encuentros a tiros con malhechores y durante otro asalto que intentó impedir fue herido y debió pasar varias semanas en el hospital. También luchó contra el muro azul, aquellos que dentro de su propia corporación son delincuentes con uniforme, extorsionadores en el cuerpo de la Policía Preventiva, y enfrentó asimismo a dos supuestos empleados del Centro de Investigación de Seguridad Nacional (Cisen) que portaban droga.
En lo que va de 2007, otros 74 policías han muerto en Guerrero, Michoacán, Baja California, Veracruz, Nuevo León, Chihuahua, Aguascalientes, Morelos, Quintana Roo y Chiapas, donde el crimen organizado se extiende. Casi uno diario.
Boris Viskin J., la víctima del frustrado asalto citadino, como refiere en una carta a la familia de su salvador, hoy se casa en Nayarit, porque Rivera Reyes estuvo ahí para ayudarle, porque este servidor público fue un ejemplo, ""una luz de esperanza, valentía y honor"".
Quede el mensaje para una sociedad apabullada por la delincuencia muchas veces carente de ilusiones de sobreponerse a ella. La lección sería que en medio de la pasividad que es hermana de la cobardía y del silencio que inmoviliza, todavía hay hombres dispuestos a cumplir con su deber, aun a costa de su vida.
La sociedad perdió un gran policía, reconocido por su valor, despedido con honores, pero los delincuentes aprendieron que no siempre podrán actuar impunemente ante ciudadanos o agentes paralizados por el terror, o peor, cómplices pasivos o activos de sus fechorías.
Hace siete anos, el Día del Padre, otro mensaje, éste de Edgar Rivera, hijo de Ernesto, ganó el segundo lugar en un concurso de composiciones de hijos de policías, con un texto que es ahora su mejor epitafio:
""Es mi mejor amigo y gran héroe de mi vida... Para él no hay obstáculos, ya que él da lo mejor pensando sólo en las personas, no en lo que a él le pueda pasar... Claro que me da mucho miedo pensar que él no va a regresar con bien..."".
La triste y temprana muerte de Ernesto Rivera Reyes nos devuelve la certidumbre de que la guerra contra el hampa no está irremisiblemente perdida cuando hay -aunque muchos no lo crean ya- héroes de uniforme azul, determinados a pelear hasta el final. (El Universal)
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