El doctor Florentino Pérez Pérez es el actual secretario académico de la Benemérita Universidad Autónoma de Chiapas (Unach). Ha dedicado su vida a adquirir, generar y transmitir conocimiento en múltiples disciplinas; una amplia y basta trayectoria que lo ha llevado a ser merecedor de la medalla Ángel Albino Corzo, que recibirá en el Congreso del Estado el próximo 1 de marzo.
En su hogar, en un rincón lleno de sabiduría y un sinfín de recuerdos, entre decenas de libros, esculturas, cuadros y antigüedades, que lo hacen bastante acogedor, el maestro Florentino contó sobre su infancia, adolescencia y como fue que inició en la docencia y llegó a Chiapas.
Estudios
Su infancia transcurrió entre la Ciudad de México, a donde habían migrado sus padres desde Guanajuato, y el municipio de San Miguel de Allende.
Los estudios de educación básica los cursó en el Estado de México, en la preparatoria entró al proyecto educativo de Pablo González Casanova, rector en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), que creó los Colegios de Ciencias y Humanidades.
Todos sus maestros eran jóvenes egresados de la Unam, que sembraron en las primeras generaciones del bachillerato un sentido social, de preocupación por el otro. Así se fue vinculando con la sociedad.
También dice, les inculcaron el gusto por la lectura y el conocimiento, lo que dice le marcó profundamente.
Ya en la Unam, cursando la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública, tuvo a maestros que provenían del exilio latinoamericano, chilenos, argentinos, guatemaltecos y nicaragüenses, una planta docente de primer nivel porque contribuyó al gusto por las artes plásticas, música, literatura en la década de los 70.
-¿En qué año comenzó como docente?
-En el 80 recibí una invitación de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior para presentar mi currículum y optar por una plaza de tiempo completo en la Facultad de Humanidades de la Unach.
Ya había sido profesor de asignatura de la Unam, en pedagogía y economía. Vine a Chiapas, ya conocía el estado, me atraía mucho por cuestiones personales, fue entonces que me incorporé como maestro de tiempo completo.
A partir de ahí comenzamos con la reestructuración de la Escuela de Humanidades, en 1981. La Unach venía de un conflicto severo en 1979 y 1980, donde llegó haber hasta tres rectores, fueron tiempos complejos, pero la voluntad y la formación que traía me ayudaron mucho para este contexto multicultural y pluriétnico.
Después de incorporarme como maestro, de contribuir a la restauración de los planes y programas, de crear la licenciatura en Letras Latinoamericanas y la de Pedagogía, de haber sido director de esa escuela del 81 al 84, me tocó ser director de Extensión Universitaria para retomar el legado del maestro Luis Alaminos.
Me tocó retomar un movimiento literario muy importante, La Espiga Amotinada, con Juan Bañuelos, Óscar Oliva, Eraclio Zepeda, Augusto Schiller y Jaime Labastida; esto dio origen a un movimiento cultural dentro de la Universidad.
-¿Cómo ha evolucionado la formación en las universidades?
-En los 70 se fundó la Benemérita Unach, anteriormente existía en el estado la escuela de medicina, la de ingeniería, de comercio, administración y la de lenguas.
Los egresados de las escuelas preparatorias no tenían opciones de educación superior más que esas. En 1971 se crea el Instituto Tecnológico Regional de Tuxtla, pero los egresados se iban a Puebla, Guadalajara o a la Ciudad de México.
Con la consolidación de la Unach y su posicionamiento como una opción para los jóvenes en los 80, siendo un referente importante. Sumándose más adelante el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas y otras universidades.
La eclosión de la educación superior se da a principios del siglo XXI, muy tardíamente. Habían pocos doctores, se hacía poca investigación, hoy tenemos el orgullo y un panorama totalmente distinto. Tenemos investigadores de talla internacional.
Las primeras opciones para los estudiantes antes eran las escuelas normales, que no pedían el bachillerato, solo la secundaria. Sí creo que hay un antes y un después.
No quería postularse
El doctor comentó que aunque al inicio no quería postularse como candidato para la medalla, una vez que amigos lo convencieron, diciendo que es merecedor por su trayectoria tan amplia dedicada a la educación, la investigación y la cultura, fue que escribió su postulación y reunió los requisitos.
Dice que fue sorpresa recibir el respaldo de varias personalidades e instituciones, el mismo rector de la Unach, Oswaldo Chacón Rojas, que fue quien lo postuló, de la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe, el Consejo Superior de Universidades Centroamericanas, de la Universidad de Costa Rica, del doctor Andrés Fábregas, de la Unesco, del Ayuntamiento de Chiapa de Corzo y de Berriozábal.
“Es un reconocimiento importante que me reconozcan de fuera, de dentro, porque he salido a dar talleres, cursos, conferencias, difundido mis publicaciones que son más de 27 libros”.












