Aunque desde niña Elena Torres Villanueva, empezó a cuestionarse sobre lo que podía hacer por la niñez en situación de calle, fue hasta los 16 años, cuando empezó a trabajar con niños en los cruceros, un trabajo que se cristalizó hasta transformase en una fundación que lleva ocho años de trabajo social.
¿Nos puedes decir tu nombre y explicar acerca de tu proyecto?
Mi nombre es Elena Torres Villanueva, presidenta de la Fundación Internacional Granito de Arena, soy estudiante de la Licenciatura en Derechos Humanos, ya estoy a un mes de graduarme y llevo dedicándome aproximadamente ocho años de mi vida al sector no lucrativo. Sin saber qué era el sector no lucrativo, fui involucrándome poco a poco en actividades de ayuda a grupos vulnerables.
¿En qué consiste esta ayuda y cómo te fuiste involucrando?
Es una fundación que tiene representaciones en México, en Tuxtla Gutiérrez, Comitán y en la capital de Puebla. La ayuda consiste en apoyos a través de distintos programas.
En Tuxtla Gutiérrez y Comitán, el área de salud tiene la Dirección de Psicología, con especialistas calificados que manejan situaciones como el abuso sexual infantil, su asistencia psicoterapéutica a personas entre los 3 y 25 años de edad y la prevención de estos casos.
En Tuxtla, Comitán y Puebla, también se manejan otros programas como Lazos de amor, que consiste en visitar albergues infantiles y pediátricos, centros de rehabilitación y casas hogares a donde se movilizan recursos económicos y en especie. Otro programa que se maneja en estos centros es Adopta un abuelito, una adopción simbólica de personas que se encuentran en asilos, la cual se intensifica durante en agosto que es el mes del abuelito.
También tenemos representaciones en Managua, Nicaragua; Maracay, Venezuela; y Toronto, Canadá; cada una enfoca su objeto social según las necesidades del lugar, por ejemplo en Managua y Maracay no existe el tema de niños abusados sexualmente, el programa ahí es Lazos de amor, en el que se movilizan los recursos en atención a las zonas marginadas y en apoyo a los niños que tienen contacto con la delincuencia y la drogadicción, se apoya en las calles, más que en los centros.
En Canadá la situación es muy diferente, ahí se promueve el voluntariado internacional, hemos recibido a personas que vienen a trabajar a la fundación, y con su conocimiento enriquecen el trabajo aquí, la última vez recibimos a una trabajadora social de Londres.
¿Cómo creció la fundación, de surgir en Tuxtla y pasar a Nicaragua, Venezuela y Canadá?
Cuando nos íbamos a constituir, era una asociación civil que surgió en Tuxtla Gutiérrez, nueva, liderada por jóvenes y profesionistas. Nosotros soñábamos con una organización, nos llamábamos Granito de Arena, al momento de nuestra constitución legal, el maestro Erick Argüello, abogado, maestro en Derecho, que es la persona que hizo el trámite, dijo “Es importante registrar” y él efectuó el trámite en las oficinas de Relaciones Exteriores, pero Granito de Arena ya estaba ocupado, entonces le dijimos que queríamos ser Fundación Granito de Arena, pero también estaba ocupado y terminamos eligiendo el nombre actual.
Él nos propuso Fundación Nacional Granito de Arena, o Fundación Mexicana Granito de Arena, pero no quisimos porque sonaba muy gubernamental y nosotros estamos fuera de eso. Me quedé con la curiosidad de quiénes nos habían ganado el nombre y resultó que había Granito de Arena en Colombi, tiempo despuesconocí por redes sociales a Mario Aguirre, que es el fundador Granito de Arena en ese país.
Coincidió que teníamos un logotipo similar, lo mismo que una misión y visión, por lo que se manejó la posibilidad de fusionarnos, lo mismo pasó con las otras representaciones en Norte y Sudamérica.
¿Cómo se te ocurrió trabajar con niños?
Yo sentí que era mi responsabilidad, recuerdo mucho que cuando era niña veía que la gente siempre le decía a los niños en los cruceros “No tengo dinero” y yo decía, “¿Por qué las personas mienten, sí tienen dinero pero no lo quieren dar?”, me explicaban que el dinero no era para ellos y lo entendía, pero en mi mente me cuestionaba por qué ellos no hacían nada.
Entonces llegó el momento en el que a mis 16 años me pidieron un peso y dije “Sí tengo, pero no te voy a dar”, el niño se puso triste, pero le expliqué que no le iba a dar no porque no tuviera, sino porque no era lo que necesitaba y lo llevé a comer un sándwich.
¿Qué querías ser de grande?
Yo quería ser cantante de música melodramática, yo quería cantar ópera, era mi sueño, estar en el teatro Blanquita, en la Ciudad de México; antes de Granito de Arena estuve en la Ciudad de México, en clases de canto, tenía un maestro que era pianista en la Orquesta Sinfónica de Bellas Artes y del Politécnico Nacional y en la primera clase me hizo cantar ópera, yo no me la creía, y él me hizo prometerle que yo no iba a regresar a Chiapas para quedarme ahí a estudiar, sin embargo, aquí encontré algo que surgió.
Ahora estás estudiando Derechos Humanos…
Sí, es una carrera hermosa en la Unach virtual, soy de las primeras generaciones y va de la mano con lo que estamos haciendo y mi vida cotidiana.
¿Cuál es tu proyecto de vida?
Es que antes de morir tengo que dejar los cimientos de una organización que pueda continuar sin mí a través de los años.












