Unión Europea en crisis

La consolidación política y económica de la Unión Europea se ha topado con obstáculos no imaginados hace apenas unos meses y que se manifestaron primeramente con la grave derrota del proyecto de Constitución Europea en referéndum celebrados en Francia y en Holanda.

En esta ocasión, los intentos de unificarse se enfrentaron con un nuevo tropiezo, al fracasar, el día de ayer en Bruselas, las negociaciones para llegar a un acuerdo sobre el manejo del presupuesto global de la Unión para el periodo 2007 a 2013.

Si no se logra un acuerdo sobre este presupuesto, se presentaría una parálisis financiera de los programas que desarrolla la Unión. Preocupados porque esto implicaría la suspensión del flujo de recursos para sus programas de inversión, los nuevos países afiliados a la Unión anunciaron que con tal de lograr un acuerdo estarían dispuestos a recibir menos dinero.

Pero en esta ocasión el fondo del problema reside en una diferencia grave y sustancial de criterios financieros entre Gran Bretana y Francia. Los ingleses rechazan que se les reduzca una compensación de 5 mil millones de euros anuales, que reciben de la Unión desde 1984, por no beneficiarse de ciertas políticas agrícolas comunes, y sólo aceptarían esa reducción sustancial si las demás naciones adoptasen reformas en su política agrícola comunitaria, algo que Francia rechaza, puesto que considera que las condiciones que justificaban ese subsidio a los ingleses ya no existen.

Pero en esta ocasión no sólo Inglaterra rechazó el acuerdo presupuestal, sino también lo hicieron por otras razones Holanda, Suecia, Espana y Finlandia. Lo ocurrido hace que el propio primer ministro británico, Tony Blair, vaya a recibir la presidencia de la Unión, a partir del mes de julio, en calidad de gran culpable de una virtual parálisis de esa nueva Europa, cuya llegada él siempre impulsó.

Es en verdad preocupante que el provincialismo y la visión a corto plazo se interpongan en la materialización de un sueno que acarician no sólo los europeos, sino personas de todo el mundo que desearían ver a la Unión Europea como un nuevo factor de equilibrio mundial, muy necesario en las circunstancias actuales de la globalización que ha propiciado mayor disparidad.

Los intereses creados locales y la incapacidad de gobiernos como el de Gran Bretana para lograr una mayor rentabilidad en su sector agrícola se interponen en ese objetivo. Todos parecen estar de acuerdo con que el proceso de unificación demanda sacrificios, y sobre todo el abandono de privilegios y canonjías que se consideran conquistas irrenunciables, pero en la realidad muchos esperan que los sacrificios sólo los tengan que hacer los otros países restantes.

Como ocurre con todos los problemas presupuestales, la cuestión de fondo tiene que ver con recursos y, en este caso, aunque los hay, el problema final es el de las cuotas que se aportan, y la asignación que se reparte es un asunto de administración de fondos.

Si el propio Blair, al convertirse en el que tendrá que resolver este problema para la Unión, no asume una política más activa en materia de recaudación de ingresos, que cubran esos recursos faltantes, o bien en la tarea de convencer a sus gobernados que deben aceptar eliminación gradual del subsidio que reciben, el proyecto de avanzar en el establecimiento de un gobierno europeo efectivo se verá frenado tal vez por muchos decenios, lo cual no será bueno para nadie en el mundo. (El Universal).