En cafeterías, salones, pasillos y toda la infraestructura material y simbólica, la comunidad LGBT se apropia de estos espacios universitarios y resiste a través de actos que crean y abonan a la igualdad y dignidad.
Publicado en la revista de investigación científica LiminaR (Estudios sociales y humanísticos), el artículo “Resistencias LGBT en universidades de Chiapas, México: más allá de la víctima pasiva”, fue realizado por los investigadores del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), Arturo Gerardo Ruiz Utrilla y Angélica Aremy Evangelista García.
Arturo y Angélica expresan que los estudiantes LGBT no son víctimas pasivas, por el contrario, en la búsqueda de prevenir y contrarrestar las formas de violencia, desarrollan aprendizajes y generan resistencia.
“Han aprendido a identificar los elementos que intervienen en las prácticas de discriminación que padecen, al punto que también han aprendido a contrarrestarlas”, sustenta la investigación.
Varias son las formas de resistir, y de acuerdo con los investigadores, estas son: “Actos que crean plataformas para la democratización de los espacios. Su lucha, sus resistencias diarias, confrontaciones, provocaciones, estrategias y discursos, abren mundo y lo abren como igualdad y dignidad”.
Una de las formas de resistencia es confrontar y resistir la violencia a través de avivar su feminidad, hasta producir incomodidad en sus atacantes.
“La población LGBT no es una receptora pasiva de las vejaciones, sino que provoca la reacción a partir de una postura de sus pares y su docente, como una oportunidad de reconocer el ambiente en el que se encuentra y también para debatir posibles discursos de intolerancia”, subrayan Arturo y Angélica.
Otra forma es la apropiación y resignificación de palabras discriminatorias, como “mampo” o “queer”, las cuales despojan de su sentido original y las usan de forma consciente; acto que los investigadores clasifican como “resistencia estratégica”.
La investigación se llevó a cabo en tres universidades públicas ubicadas en los centros urbanos de Tapachula y San Cristóbal de Las Casas, con 16 estudiantes LGBT y 30 participantes entre estudiantes heterosexuales, personal docente, directivos y coordinadores.
“Los resultados de esta investigación mostraron que la resistencia es pública, la confrontación, la provocación y la resistencia estratégica son modalidades del resistir en el escenario universitario”, apuntaron.
La universidad, por su naturaleza, tiene espacios de tensión y conflicto, debido a la diversidad de posturas ideológicas que la constituyen; sin embargo, muchas personas que se asumen como LGBT han encontrado en su trayectoria escolar empoderamiento, así como reconocimiento por su estatus académico, lo que limita las expresiones de violencia en su contra.
De acuerdo con la conclusión de los investigadores, “la universidad sigue siendo un espacio abierto a deconstrucciones, donde se crea el empoderamiento, crecen las autonomías y rebeldías frente a los sistemas de opresión”.












