El avance urbano ha destruido o alterado más del 60 % de la extensión de la zona arqueológica de Chiapa de Corzo, detalló el investigador del Centro Chiapas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Eliseo Linares Villanueva.
En la conferencia “Sismo del 2017. Zona arqueológica de Chiapa de Corzo”, que ofreció en el Museo Regional de Chiapas, el especialista destacó que actualmente el instituto desarrolla una política de protección porque “muchos de los edificios prehispánicos están hoy en los patios de las casas de los chiapacorceños”.
El sitio está compuesto por más de 50 edificios que tienen diferente altura, concentrados en grupos que rodean plazas. La distribución está determinada por las características del terreno, más que por un patrón arquitectónico, específico.
El arqueólogo expuso que en el municipio de Chiapa de Corzo confluyeron dos culturas: la zoque y los chiapanecas.
“Desafortunadamente a los chiapanecas les sucedió lo mismo que a los mexicas. Los españoles al conquistar Chiapas, los chiapanecas fue el grupo que más resistió, también fue la cultura más atacada, al grado de que sus restos culturales fueron casi destruidos”.
Hallazgo
El investigador expuso que la mayor parte de la evidencia prehispánica de este grupo, y que sobrevive en Chiapa de Corzo, se mantuvo casi intacta hasta la llegada y descubrimiento de investigadores norteamericanos, en los años 50.
Sin embargo, en esta región que corresponde al lado oriente del pueblo mágico, se estableció el cementerio municipal; y si bien esta zona estaba destinada a campos de cultivo, el crecimiento exponencial de la ciudad absorbió muchos de los edificios prehispánicos.
Algunos otros edificios sufrieron daños mayores debido a este avance urbano; por ejemplo, a la hora de construir el camino que lleva a Acala, varios edificios fueron cortados por esta carretera.
“En particular, el edificio número 10 fue cortado por esta calzada y la mitad del sur está ocupada por un templo de los Testigos de Jehová y la otra parte por otro templo adventista”, señaló.
Explicó que lo que hoy constituye a las áreas abiertas al público fue tratado en una intervención para su restauración en 2006, cuando el INAH compró un terreno de una hectárea y media donde hoy se encuentran los edificios expuestos.
Relató el caso del terreno de Nestlé, empresa que donó el predio donde tenían instalada una fabrica; el resarcimiento de los daños fue casi nulo, ya que “se estableció muy cerca del sitio antes de que existiera la legislación que protege el patrimonio cultural de nuestro país”, dijo.












