Bajo el contexto de la nueva normalidad y el formato de clases en línea es necesario enfocarse al modelo de universidades interculturales, esto con el fin de dar prioridad a la formación profesional de una población que ha sido discriminada históricamente debido a desigualdades sociales y prácticas coloniales internas, haciendo que tengan dificultades precisamente para acceder a la educación superior.
Lo anterior, lo manifestó la docente de la Universidad Intercultural de Chiapas, Luz Helena Horita Pérez, al señalar también que hay que tener claro que el acceso a la educación superior no es el fin único de las universidades interculturales, sino que al salir al campo laboral los egresados a través de sus acciones tengan un impacto positivo de mejora a las condiciones de vida de sus comunidades.
Consideró que el riesgo de la educación virtual es el alejamiento de las comunidades y que se pierda la razón de ser de las universidades interculturales, por ello es necesario actualizar los modelos académicos.
“Es necesario también fortalecer el sistema para que las universidades interculturales puedan ofrecer más carreras, como ingenierías, que hoy día no están disponibles y que pueden abonar más al desarrollo de las comunidades, eso obliga a los jóvenes a estudiar algo que no los apasiona”, dijo.
Refirió que debe plantearse como un objetivo a corto plazo la gestión para el acceso a internet en cabeceras municipales, en escuelas, bibliotecas, parques, a través de convenios con ayuntamientos, para evitar que los estudiantes se tengan que trasladar hasta otro municipio para recibir clases en línea o realizar sus actividades académicas.
Asimismo, “al interior de las universidades se debe trabajar en la capacitación para la migración digital de docentes y administrativos, que son quienes dirigen a los estudiantes.
La elaboración de materiales didácticos con un enfoque de recuperación del habla de las lenguas originarias.
En la transformación de estrategias didácticas, actualización curricular, explorar el diseño modular, ya que no todos los docentes cuentan con equipos actualizados y de servicio de internet estable”, dijo.
Manifestó que desafortunadamente en el contexto comunitario existe una desigualdad de acceso a las tecnologías y servicios digitales por parte de los estudiantes, que hace que la mayoría sean migrantes digitales, porque el acceso ha sido tardío.
Según la Encuesta Nacional Sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2019, del Instituto de Estadística y Geografía (Inegi), el 56.4 por ciento de los hogares, 20.1 millones disponen de internet, siendo un universo correspondiente al 70.1 por ciento de la población, es decir, 80.6 millones de usuarios.
El 76.6 por ciento de la población en zonas urbanas tienen acceso a internet, pero en regiones rurales sólo el 47.7 por ciento.
Ahora bien, sólo el 44.3 por ciento de los hogares poseen un computadora, que son 15.8 millones.
En las regiones urbanas esta cifra alcanza el 51 por ciento y las zonas rurales apenas el 20.6 por ciento.
En telefonía celular se registró que el 75.1 por ciento de la población cuenta con un teléfono móvil, que son 86.5 millones de personas.
En áreas urbanas este porcentaje alcanza el 79.9 por ciento y las rurales el 58.9 por ciento.
A esto se suman condiciones socioeconómicas, sanitarias y sociopolíticas que los vulneran para acceder a herramientas tecnológicas actuales.
Lamentó que se vea a la universidad como de bajo nivel y no se entienda que es distinta de fondo.
No es percibida su diferencia por muchas de las personas que toman decisiones y que asignan los recursos, ahí es donde deben intervenir los docentes para sensibilizarlos.
“En el discurso existe la posibilidad de reforzar este modelo de universidades, pero debe reflejarse en la práctica a través de una coordinación institucional con la academia, que permita desarrollar la educación intercultural profesional”, finalizó Horita Pérez,












