Urge atajar la violencia

Al parecer, la violencia en México está fuera de todo control. Las autoridades policiacas no han podido articular siquiera una estrategia para detener la oleada de ejecuciones y actos brutales que ya están ocurriendo en el país de forma dramáticamente cotidiana.

Estos hechos ensombrecen la vida de todos. Las noticias que cada día con más frecuencia dan a conocer nuevos crímenes, realizados con el claro fin de intimidar a toda la sociedad mexicana, nos producen indignación y hartazgo.

La situación ha rebasado todo límite en un estado de derecho y no se sostiene el argumento oficial de que el incremento de la violencia se debe al reacomodo de las bandas criminales ante la supuesta efectividad de las acciones de las autoridades en contra de los cárteles.

Cabe preguntar, a quienes sostienen esa hipótesis, cuánto tiempo creen que vaya a durar tal reacomodo y si durante éste no piensan enfrentar este recrudecimiento con medidas que detengan el derramamiento de sangre. Pero vayamos a la realidad: no parecen las autoridades estar en posibilidad de hacer algo para detener el efecto imitación que el espectáculo de las matanzas cotidianas puede desatar en muchas regiones del país ante la inacción y los pretextos oficiales. Los actos no sólo afectan a personas involucradas con el narcotráfico, sino cada vez con mayor frecuencia a agentes policiacos, a sus jefes y a funcionarios del sistema penal.

No es creíble que no existan los instrumentos, el equipo y el personal para combatir el fenómeno de las ejecuciones, en todo caso no se pide movilizaciones aparatosas que, ya se ha visto, no hacen más que empeorar la situación; se pide movilizaciones eficientes.

Lo que sucede en nuestro país es tan grave que ya el Banco Mundial ha senalado en un informe que se ha descuidado aquí a tal grado la violencia, que ya preocupa a los inversionistas extranjeros, los cuales consideran que el problema les acarrea altos costos y les impide, incluso, poder residir en México.

Pero el costo mayor de esa inestabilidad es que ésta se ahonde aun más y, en el futuro, nuestro cuerpo social resienta y reaccione de forma inapropiada a estos ataques que hoy sufre. Los llamados de los medios de información y de los analistas desde el mundo académico, que parecen todos ellos clamar en el desierto, se desgastan ante la cotidianidad del fenómeno y se estrellan ante un muro de indiferencia y de gran irresponsabilidad, en la que unos a otros se achacan la culpa de esta situación, pero ninguno asume la tarea que se comprometieron voluntariamente a cumplir.

Urge que las autoridades hagan a un lado la inercia y la autocomplacencia y acaben ya con este espectáculo trágico y vergonzoso para quienes aquí vivimos. Sólo este país tenemos.

Los recursos del Estado deben estar puestos a disposición del cumplimiento de las necesidades de la sociedad: el de la seguridad en la vida y en el patrimonio es una de ellas.

La violencia en México nos denigra ante los ojos del exterior. Pero sobre todo nos denigra frente a nosotros mismos.

Es impostergable que las autoridades den respuestas prontas, eficientes, inmediatas, justas y en el marco de la ley para que todo esto termine, pues el futuro, así, será muy difícil para los mexicanos que poco a poco vemos cómo se pierde la paz, la seguridad y hasta la vida de mucha gente inocente y productiva. (El Universal).