En México, se ha preservado una tendencia negativa en los hombres al revelarse que mueren más y a edades más tempranas que las mujeres. Este fenómeno responde a factores sociales y estilos de vida que la feminista chiapaneca Selene Domínguez define como una crisis de conciencia.
Según la especialista, es imperativo que los varones asuman la responsabilidad de transformar su propia realidad, siguiendo el ejemplo de organización colectiva que las mujeres han trazado para generar cambios estructurales en su entorno.
Las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) respaldan la urgencia de este llamado, la mortalidad masculina está fuertemente ligada a enfermedades del corazón, diabetes, tumores malignos y padecimientos del hígado.
Resultado
Estos diagnósticos, a menudo tardíos, son el resultado de estilos de vida poco saludables y una resistencia cultural a buscar atención médica oportuna. El estigma de “ser fuerte” se ha convertido en una trampa mortal que impide a los varones acudir al doctor hasta que la enfermedad es irreversible.
El Inegi revela que el 87.8 % de los homicidios y el 80.7 % de los suicidios en el país corresponden a varones. Domínguez señala que esta exposición a la violencia y a conductas de riesgo está normalizada socialmente, afectando en especial a los jóvenes de entre 25 y 34 años.
Factores
La salud mental aparece como el problema silencioso de esta crisis, la presión social y económica, sumada a la dificultad para expresar emociones, dispara las tasas de suicidio y el consumo de sustancias.
Ante este escenario, la exigencia de políticas públicas que garanticen una vida digna se vuelve tan necesaria como el compromiso individual de los hombres por romper sus propios esquemas.












