"Antonio González Curi * El Universal. El municipio en México, pese a su relevancia, está en crisis. El problema central es el mismo del gobierno federal y los estados: la mala calidad en la administración pública, que se refleja en la obesidad de su estructura administrativa, la ineficacia en sus servicios y la deficiente aplicación de sus ya no tan escasos recursos.
Los antecedentes del gobierno local en la cultura mexica los encontramos en el calpulli, que era una organización social y territorial autosuficiente. Hernán Cortés creó el primer ayuntamiento en el continente americano, el de la Villa Rica de la Veracruz, en 1519. Su importancia en la Colonia se evidencia en las palabras de José Martí: ""Es lo más humano de la España colonial (...) por los municipios, entró la libertad en América"".
En el México independiente, el Plan de Iguala reconoce la existencia del ayuntamiento; la Constitución de 1917 lo configura como un organismo proveedor de servicios y la reforma constitucional de 1983 lo convierte en la institución que es hoy.
Carentes de una asesoría eficaz por parte de la Federación y los estados, los municipios naufragan por el bajo perfil y la falta de preparación de sus alcaldes; 50% de ellos carece de experiencia laboral en el sector público y 40% tiene una escolaridad sólo de primaria.
La reelección no resuelve nada, sólo incrementaría los cacicazgos y evitaría la movilidad social. Es mejor ampliar la gestión a cuatro años, lo que permitiría a los ediles mayor tiempo para capacitarse. La alternancia en el poder ha traído pugnas políticas entre los alcaldes y los gobernadores, cuando no son del mismo partido. Esto ha llevado a duplicar estructuras y a la falta de coordinación indispensable.
Un fenómeno de crecimiento parecido al que ha tenido la administración pública federal, que nació en el México independiente con cuatro secretarías, ha sufrido el municipio, ya que hace 30 años contaba en promedio con cinco áreas administrativas. Hoy los encontramos con enormes estructuras, horizontales y verticales, recargadas de áreas que no tienen relación con sus facultades, así como cabildos ineficaces y caros que funcionan con privilegios de pequeños congresos.
Con la actual disminución de sus participaciones fiscales, comparado con el buen año de 2008, muchos de los 2 mil 454 municipios afrontan problemas para pagar nómina; proveedores; energía eléctrica; reparar maquinaria; dar mantenimiento a calles; operar sistemas de agua; atender panteones y recolectar basura.
La seguridad también está en crisis. Hay policías municipales mal pagados, mal entrenados, sin adecuado armamento, que son presa fácil de la corrupción y el narcotráfico. Es necesario evaluar con absoluta seriedad la posibilidad de crear una sola policía estatal.
Hay señalamientos de alcaldes que carecen de recursos para aguinaldos y otros se han declarado en quiebra. Esto los lleva a recurrir a créditos bancarios que le dan la puntilla a sus finanzas.
Ciertamente los recursos son insuficientes, pero el problema mayor es la falta de una buena administración para gastarlos en servicios, maquinaria y obra pública. No hay estadística que no refleje un continuo incremento del gasto corriente sobre la obra pública.
Para los ciudadanos es muy desestimulante vivir en un entorno de pobreza: sin pavimento, agua, drenaje, alumbrado y además inseguridad. La dotación de servicios es una forma eficaz de combatir la marginación, y el costo sería accesible siempre y cuando se unan esfuerzos con el estado y se ejerza una administración eficaz.
Urge la aplicación de programas bien diseñados para disminuir personal, salarios, direcciones; evitar viajes innecesarios, compra de vehículos para funcionarios, gastos excesivos en fiestas populares y concentrarse en la prestación de los servicios que les asigna el artículo 115 de la Constitución. Sin una actitud de austeridad republicana nunca habrá dinero que valga, ni reforma fiscal que alcance.
La transformación municipal es un buen inicio para la modernización que México requiere.
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