Urge prevenir desastres

Una semana de intensas e incesantes lluvias ha causado una veintena de muertes y arrasado con campos de cultivo, vías de comunicación y viviendas en el oriente y el sureste del país, donde se asientan centenares de comunidades rurales, pero también en zonas urbanas de mucha importancia.

En Veracruz, Puebla, Oaxaca, Chiapas y Tabasco, en Michoacán y en Hidalgo, los aguaceros de estos días desbordan ríos, provocan deslaves, incomunican, causan muertes y destruyen cosechas y patrimonios duramente labrados.

Las autoridades reaccionan ante la catástrofe, habilitan albergues, intentan aliviar la desgracia y promueven la declaración de zona de desastre que les permite el acceso a fondos federales de emergencia para reparar danos y reanimar la actividad económica.

Las lluvias extremas son fenómenos naturales casi siempre inevitables y ocurren en todo el mundo, aunque sus efectos, en nuestro caso, propicien mayores perjuicios entre los desposeídos, quienes pierden de esta forma lo poco que tienen; es por ello que, con mucha frecuencia, a pesar de tener encima la catástrofe, deciden no moverse de sus hogares o de sus espacios vitales para intentar protejerlos no sólo de la fuerza de la naturaleza sino, también, de los actos de rapina que ocurren en estos casos.

Por todo esto, autoridades municipales, estatales y federales deben estar alerta y poner a disposición de esta recurrente circunstancia todos los aparatos de estado que eviten tragedias y danos extraordinarios; prevenir desastres de este tipo es una tarea que urge.

Muchos asentamientos humanos se dan en partes bajas, riberas e inclusive antiguos cauces de ríos. La codicia y la manipulación que algunos líderes hacen de los colonos, unidas a la incapacidad o la corrupción de autoridades, favorecen el inadecuado establecimiento de los conglomerados humanos en lugares inapropiados y aun peligrosos para su vida.

Por ello en este momento las autoridades de todos los niveles deben tomar cartas en el asunto para garantizar la seguridad personal y la integridad patrimonial de quienes viven en condiciones adversas en estos momentos de cambios climatológicos que se expresan, por ejemplo, en torrenciales lluvias en nuestro país. Ciertamente el agua es un recurso natural inapreciable, pero hay que buscar vías de solución a sus excesos y un aprovechamiento eficaz para que el líquido permita beneficios a la gente de nuestro país, como es el de su uso para la agricultura, la industria y el empleo doméstico. Esto es algo que se debe planear y atender en corto, mediano y largo plazos.

Por lo pronto, ante la inminencia de las poderosas avenidas de aguas, lo inaplazable es que los habitantes de las zonas inundables estén advertidos oportunamente del peligro y puedan ponerse a salvo.

Los medios de comunicación suelen coadyuvar valiosamente en esta empresa, que es responsabilidad gubernamental y que, por lo mismo, debe ser acometida con rapidez y vastedad en breve tiempo.

El Ejército mexicano tiene experiencia y destreza en las operaciones de salvamento, y las autoridades locales, a través de sus dependencias de protección civil, han recibido presupuesto y se entiende que también capacitación y apoyo para llevar a cabo tareas de prevención, de ayuda, de salvamento en casos de emergencia extrema.

El gobierno federal debe ser parte primordial de la solución a las consecuencias de estos excesos pluviales, no sólo como responsable de las actividades de ayuda sino como coordinador eficiente y previsor de cualquier dano. (El Universal)