A través del programa Conservación del Patrimonio Natural de la Zona Metropolitana de Tuxtla Gutiérrez, coordinado por diferentes organizaciones ambientales, se comprobó que la temperatura ambiental puede variar hasta por 22 grados entre una selva de bolsillo o un refugio climático y una calle de concreto.
Lo anterior lo señaló Karla Mancilla, de la asociación Suelo Vivo Chiapas, en la presentación de resultados de un año más de este programa, que involucra actividades de prevención, fortalecimiento de capacidades y restauración, involucrando directamente a la ciudadanía.
Lo trabajan a partir de la capacitación y equipamiento de brigadas de prevención de incendios, formación ciudadana y creación de espacios verdes. Para todo esto desarrollaron una herramienta denominada Índice de Riesgo Socioambiental, para identificar las zonas que urgen restaurarse.
Problemáticas
La zona metropolitana presenta una degradación y pérdida de cobertura forestal, aumento de temperatura y lluvias escasas y abundantes. El índice también puede identificar la vulnerabilidad social y el cambio de uso de suelo de las diversas zonas.
De esta forma han identificado las zonas que necesitan incidencia y que es donde han trabajado, concentradas en el nororiente de la ciudad. Ahí realizaron el festival 100 en un Día, con acciones para mejorar el entorno con base en la crisis climática.
En el Cobach 236 habilitaron un espacio ambiental, con la participación de 219 jóvenes. Sembraron 25 selvas de bolsillo (ecosistemas densos y concentrados en un espacio urbano reducido que funciona como un refugio ambiental y climático), así como un refugio climático.
El beneficio es alto porque las altas temperaturas afectaban a los estudiantes cada día. Ahora buscan llevar esa infraestructura verde a más espacios en la zona metropolitana, sobre todo ante el impacto que representa para mitigar el calor.












