Vecinos Unidos, grupo a favor de San Roque

Adulfo De los Santos expone los primeros pasos de las actividades que realizaron para consolidar el grupo Vecinos Unidos de San Roque. José Ortega / CP
Adulfo De los Santos expone los primeros pasos de las actividades que realizaron para consolidar el grupo Vecinos Unidos de San Roque. José Ortega / CP

Una fuerte ola de inseguridad vivida hace ya varios años fue la principal causa de que el 7 de noviembre de 2016 se formara Vecinos Unidos del Barrio de San Roque, donde se sumaron voces inconformes por la situación y se dispusieron a trabajar en actividades de seguridad, limpieza y cultura, con lo que la situación de origen se ha logrado revertir en gran medida.

Para conseguir la meta, los vecinos han consolidado un grupo de la sociedad civil organizada y, poco a poco, se han ganado el reconocimiento de los propios vecinos, así como de otros barrios y colonias de la ciudad.

El grupo de habitantes ha logrado buena cohesión, al grado que han decidido no utilizar un sistema de cargos para que nadie sobresalga entre los demás y así evitar cualquier uso con tinte político o de cualquier otro que vaya en detrimento de la unidad y sus buenos resultados.

Uno de sus integrantes es Adulfo de los Santos, quien en entrevista aclara que todo inició en respuesta al desinterés que existía antes para estrechar lazos de convivencia, lo que derivó en la proliferación de jóvenes adictos a las drogas, ladrones y, por ende, robos en calles y viviendas.

“No podemos ser ajenos. No podemos ver lo que ocurre en la calle y encerrarnos con la idea de que si yo estoy bien, que los demás vean cómo se cuidan. Necesitamos poner de nuestra parte”, nos comenta.

En el lugar se han consolidado proyectos culturales a favor de la convivencia infantil y de la seguridad, tales como alumbrado, activación de alarmas vecinales, creación de murales y lotería local, así como una efectiva coordinación a través de grupos de la aplicación WhatsApp; incluso ya se trabaja en la consolidación de una aplicación de alerta, en la que participan los propios vecinos y tendrá costos de inversión minoritarios.

De los Santos refiere que la agrupación tiene área de trabajo clara y delimitada. Se trata de un espacio conformado desde la avenida Central hasta la 7ª Sur; y desde la 4ª Oriente hasta la 11ª Oriente. Aunque el barrio comprende más cuadras, el resto son ocupadas por comercios, por lo que pocas personas residen en los edificios que están fuera de los márgenes antes citados.

Problemas

Cristalazos a los automóviles, robos a casa habitación, jóvenes drogándose en las calles y oscuridad en la zona causaban condiciones de inseguridad que se han ido revirtiendo con la coordinación vecinal.

Las personas a las que se les captura en flagrancia cometiendo algún delito son exhibidos y después puestos a disposición de las autoridades, aunque se han presentado casos de jóvenes o delincuentes reincidentes.

En este mismo contexto, el residente del barrio del centro de la capital explica que para evitar la inseguridad se ha realizado el cambio de más de 200 luminarias, puesto que al mismo tiempo que el lugar se embellece, la iluminación brinda algunas garantías contra ladrones callejeros.

Asegura que algunos vecinos lo han tachado de loco, o hacen comentarios ofensivos, porque aseguran que es malgastar tiempo y dinero, pero De los Santos se dice confiado de continuar apoyando a su barrio.

Los murales

Daniel Castillo es un joven profesor de arte y forma parte del grupo ciudadano. Es el responsable de coordinar los trabajos de cultura que se realizan en el lugar, entre los que destacan murales colocados en varios puntos del barrio.

Los murales dejan constancia física de los trabajos en el barrio. Artistas de la ciudad y foráneos han plasmado su talento bajo la coordinación de Daniel Castillo. Se les permite la realización del mural libre, siempre y cuando la obra se ligue a la fábula del colibrí, a fin de contar con una directriz que muestre la visión que se tiene del lugar.

En la elaboración de las obras también participan niños, con el fin de consolidar el arraigo y evitar que los espacios sean manchados por rayoteos o grafitis sin sentido que generen deterioro y mal aspecto.

En un taller de impresión se elabora una “lotería” con personajes típicos del lugar, tales como una mujer danzante, un perro al que los vecinos han adoptado con el nombre de “El chido”.