Vecinos

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos expresó preocupación por la situación de inseguridad que atraviesan países de la región como México y los que integran Centroamérica, al refirirse en particular a los altos índices de homicidios, entre los más elevados del mundo, y a la impunidad.

De igual modo se refirió a graves violaciones a los derechos de niños, niñas y adolescentes en la región, y a medidas regresivas por parte de diversos Estados.

Éstas se refieren a la adopción de leyes enfocadas a disminuir de 18 a 16 años la edad de responsabilidad judicial o elevar la duración de las sentencias de prisión aplicadas a estos grupos de población joven.

Esta situación que al parecer corresponde a los vecinos Honduras y El Salvador se debe a que una parte considerable de los porcentajes estadísticos en cuanto a la incidencia delictiva corresponde a estos grupos de población, sin embargo, a la par de las iniciativas para prolongar penas y disminuir la edad para la adjudicación de responsabilidades penales, no se observan -por la misma precariedad económica de estos países- políticas de inclusión y atención a estos setores con el propósito de que esta situación pueda ir revirtiéndose a mediano y largo plazo.

El interés en estos fenómenos obedece a que son nuestros vecinos cercanos y lo que suceda en esos países repercutirá tarde o temprano en y dentro de nuestras fronteras.

Es cierto que algunos fenómenos negativos en México han impactado al agudizar ciertos problemas de los vecinos controamericanos, pero también es un asunto de ida y vuelta, por ello, en el caso de Chiapas, al formar el conjunto en una región sensible, por lo menos debe permanecer atento a todos los fenómenos que ahora se están registrando más alllá de la frontera sur.

Por ejemplo, el endurecimiento de las políticas públicas dirigidas a los jóvenes en la región centroamericana, eventualmente podría impactar todavía más la realidad que se vive en México, con una mayor movilidad de los grupos trashumantes que diariamente se observan en nuestra frontera sur, pero ahora con un perfil parecido al de las llamadas maras, fenómeno que se agudizó en la década pasada y que disminuyó sólo por la destrucción de la ruta ferroviaria por efecto del huracán Stan en 2005.