Pese al número de bajas que se han contabilizado hasta la fecha en nuestro país, derivadas de la lucha contra el crimen organizado -40 mil en seis años, según estimaciones oficiales, y 60 mil muy extraoficiales-, son nuestros vecinos del sur, es decir Guatemala, El Salvador y Honduras, también llamadas naciones del Trángulo Norte en el Istmo Centroamericano, los que tienen el más alto índice de violencia no sólo en el Continente sino en todo el mundo con 125 mil en sólo la última década. Ellos son nuestros más próximos vecinos.
El problema en esos países es tan grave que ha llamado la atención de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. De acuerdo con esta instancia internacional, la violencia generada principalmente por el crimen organizado y el tráfico de drogas en esa región, causará que uno de cada 50 jóvenes centroamericanos menor de 20 años muera asesinado antes de cumplir 32 años.
La tasa de homicidios de la región, la mayor en el orbe, resulta 400 veces más alta que la del promedio en países que tienen bajos niveles de violencia. En Guatemala, la tasa de homicidios es de 39 por cada 100 mil habitantes, en tanto que la de El Salvador es de 72 y la de Honduras es de 86, lo que representa 10 veces más que el promedio mundial. Estos niveles de violencia creciente se ven alimentados por los dos fenómenos mencionados.
A este problema se le ha considerado ya como una crisis, la cual causa gran temor e inestabilidad en las sociedades. Además de estas cifras, han surgido otras variantes como secuestro, contrabando de migrantes y tráfico humano.
Al igual que en este país, en esas naciones es urgente detener el flujo de armas que crece desmesuradamente. Lo anterior, ha reconocido la Organización de Naciones Unidas, abruma a la institucionalidad centroamericana.
Estas cifras sacuden conciencias, mueven a la reflexión, pero además muestran que esta violencia extrema desvinculada de ideologías revolucionarias como en los años 80, responde a una involución que se ha venido fraguando de tiempo atrás y que refleja, como aquí, severa degradación de valores derivada de la sobrevaloración de lo material, la búsqueda de eso a cualquier precio.











