Ven año muy convulso en materia migratoria

Los agentes fronterizos también operan bajo los parámetros del Título 8. Cortesía
Los agentes fronterizos también operan bajo los parámetros del Título 8. Cortesía

El 2023 viene como un año muy convulso en materia migratoria y en la expectativa de que al menos por parte del gobierno mexicano, algunas acciones sean más claras y enfocadas en mecanismos de protección reales para estas poblaciones que están transitando o que han decidido quedarse en nuestro país, dijo Rafael Alonso Hernández, investigador del departamento de Estudios Sociales del Colegio de la Frontera Norte.

Sería justo tener, explicó, operativamente cómo será la respuesta del gobierno mexicano ante este mecanismo de aprobación de la devolución de personas extranjeras desde Estados Unidos a México.

“Vamos a estar expectantes por este tipo de respuestas, enfatizando en que hay un nivel de riesgo y de seguridad para estas poblaciones que están en nuestro país”, reflexionó Hernández en cuanto a la ley migratoria de Estados Unidos.

El investigador explicó que la esperanza puede mucho más que las circunstancias y los contextos, “entonces la necesidad de migrar, de huir, de proveer mejores condiciones de vida para los familiares de seguridad y de sí mismos, hacen que las personas puedan aguantar o traten de aguantar condiciones verdaderamente adversas”.

Ejemplificó con los casos de los campamentos en la frontera norte de México, en específico Ciudad Juárez o Tijuana, que dan muestra de la necesidad que tienen de movilizarse y de salir de sus contextos.

“Por otro lado, muestran también una cara no tan amable de ciertas circunstancias que giran en torno a estas dinámicas de movilidad, y que es a veces por la falta de información no tan precisa sobre ciertas situaciones”, dijo el investigador del Colef.

Además de riesgoso, es desgastante, consideró, y por otro lado, no hay respuestas institucionales claras y suficientes para acompañar, informar, asistir, atender a estas poblaciones que están en espera en la frontera.

Se explica, dijo, por el tipo de relaciones que tiene el gobierno norteamericano con los países de donde proviene la mayoría de personas en movilidad: Venezuela, Nicaragua, Cuba y Haití.

“O no hay relaciones o las relaciones son tensas y escasas; no hay estos mecanismos que favorezcan la deportación o la devolución directamente a esos países como sí existe en Centroamérica”.