Vendedores de ramos enfrentan la modernidad

Vendedores de ramos enfrentan la modernidad

La venta de ramos es cada vez más complicada para las y los artesanos de Aguacatenango, en el municipio de Venustiano Carranza, quienes acostumbran a ofertar su producto en los templos católicos del centro de Tuxtla Gutiérrez.

Año con año, desde al menos tres o cuatro días antes de la celebración, se les puede ver en las afueras de la Catedral de San Marcos, la parroquia de la Virgen de Guadalupe y en la del Calvario.

Los tímidos vendedores comparten que las ventas son bajas, pero la sostienen porque es parte de sus tradiciones; incluso desde la infancia se les enseña este tejido en forma de cruz.

A pesar de que el tejido de cada rama es complicado de hacerse, es pagado en tan solo 10 o 15 pesos por los compradores, incluso algunos regatean el precio y esperan que se les cobre únicamente cinco pesos.

Lo anterior —dicen— es en detrimento de su esfuerzo, pues el solo hecho de realizar el corte de la palma y traerla significa un esfuerzo, además de que poco a poco es más complicado conseguir la palma con la que se hacen los ramos en forma de cruz o de espiga de trigo.

Situación

Esta es una tradición que pasa de generación en generación, pero sostienen que el ánimo ha ido decayendo, pues los compradores cada año son menos e incluso por más que quieran los precios no se pueden elevar, pues tendrían menos compradores.

Sin dar muchos detalles y con voz baja comentan que su actividad principal es el campo, dedicándose a la cosecha de productos como el maíz, pero que no todos los años se logra una buena cosecha, o en algunos años incluso ha habido pérdidas.

En contraparte, los ramos en forma de cáliz o con diseños más complejos son ofertados por vendedores y vendedoras que acuden desde los estados de Veracruz o Puebla, pero comparten que con la venta tampoco se puedan hacer de grandes ingresos, puesto que los precios que pagan los compradores son de máximo 20 pesos por pieza.

Testimonio

Una de las asistentes al templo del Calvario es la señora Beatriz Loera, quien reconoce que desde que era niña su madre le inculcó estas tradiciones.

Aunque es originaria de la Ciudad de México, para ella es lo mismo tanto allá como en acá en Chiapas. Comenta que en medio de esta Semana Santa su petición a Dios es que haya paz, tranquilidad, así como buena salud.