Violencia, la otra amenaza durante el confinamiento

Violencia, la otra amenaza durante el confinamiento

Luego de haberse registrado el primer caso de covid en Chiapas y de activarse los lineamientos sanitarios -entre ellos el aislamiento en casa-, a su vez la violencia hacia las mujeres aumentó alarmantemente; desde ese momento dos severas “pandemias” azotan al estado.

“Los delitos bajo razones de género tuvieron un ligero repunte ante los ojos de la justicia, pero posiblemente fueron muchos más los que verdaderamente se suscitaron en los tiempos de encierro”, comenta la psicoterapeuta especializada en este tema, Mariela Ocampo Espinosa.

“Observamos que algunas mujeres que acudieron a ser intervenidas y recibieron una evaluación para su tratamiento psicológico correspondiente, quedaron severamente dañadas física y emocionalmente”, explica.

Menciona que muchas féminas presentaron una disminución en su seguridad, inclusive un descontrol en su vida; también “miedo al abuso y maltrato de un ser que prometió que te cuidaría pero hoy es nuestro pero agresor”.

Este fenómeno global se extendió a gran escala y seguramente lesionó a mujeres de todos los niveles sociales, culturales y económicos, y aunque muchas lograron escapar de este delito a tiempo, otras no corrieron con la misma suerte: no se alejaron de las lágrimas de angustia y dolor. La amenaza permanente las sigue rondando.

Más frágiles que nunca

“He sido clara en mis decisiones y fuerte en los momentos más cruciales de mi vida y para apoyar a mi familia; pero estos tiempos me demostraron lo vulnerable y más frágil que también puedo ser.

Creo que no debería de haber espacio en la humanidad para alguien que hiere o mata a su compañera, y humilla la pureza de sus sentimientos”, asevera Antonia Caballero, víctima de violencia física, psicológica y emocional.

La joven accedió y compartió su angustiante experiencia a esta casa editorial, ya que así como ella hay más afectadas que pasaron este adusto proceso de “abrir los ojos y conocer realmente cómo es la persona que está a nuestro lado, con quiénes compartimos parte de nuestra vida y formamos una familia”.

“Muchas personas estuvimos y seguimos en la misma situación, en confinamiento en el hogar, pero considero que esto no debió ser un motivo para activar los conflictos familiares, sin embargo sucedió; los compulsivos y traidores se hicieron presentes”, lamenta.

Ciertamente el aislamiento por covid-19 desató una intensa violencia contra las mujeres, presionándolas a la turbación e inseguridad, y que para cuando se deciden ir a denunciar muchas veces no son escuchadas ni atendidas.

Lamentablemente esta situación puede llevar a un trágico camino que se enmarca entre la vida o la muerte, como ha sucedido recientemente en algunos municipios indígenas con el tema del acoso sexual que deriva en violencia de género.

Este mismo asunto lleva a Cuarto Poder a conocer otro caso en la colonia Paulino Aguilar Paniagua, lugar donde tiene su vivienda Elda Raquel Ortíz, una más en la lista de violentadas.

Pide ayuda; no te calles

“Ahora sólo queda la certidumbre de un solo recuerdo y el desconsuelo, ya que luego de los daños tienes que pedir ayuda, sí o sí.

No te imaginas que en un abrir y cerrar de ojos tu pareja se vuelve el peor contrincante; los gritos y ofensas fueron una primer señal, pero no me dejaba, respondía con las mismas porque yo también estaba estresada o algo nos molestaba pero no sabíamos qué era”, cuenta.

La mujer de 47 años explica que su hijo formó parte de esta consecuencia inesperada, ya que el hombre y padre “cuando estaba de malhumor se desquitaba con todos”.

“No podía quebrarme ante mi hijo y quizá aquí no hubo golpes, pero la agresión verbal fue igual o peor de denigrante. Hubieron ataques constantes y de la nada; el desquicio se apoderaba de esta persona y aunado a que comenzó a beber no en exceso pero sí casi todos los días, la tensión aumentaba”.

Raquel tenía información sobre los módulos de Atención Integral, pertenecientes a la Secretaría para la Igualdad de las Mujeres (SIM), por lo que no dudo en solicitar ayuda puntual.

Asevera que recibió apoyo jurídico y psicológico, además de seguridad para su debida protección, por lo que ahora ella y su hijo se encuentran tranquilos y lejos de su agresor.

Finalmente, dirigimos la mirada a la colonia El Rosario Infonavit. Ahí se encuentra Martha Ruíz Hernández, quien a diferencia de las demás damas ella sufrió un daño físico que se refleja en hematomas, heridas, desasosiego e incredulidad.

“La relación con mi expareja mucho antes de la pandemia ya estaba fracturada, era como un matrimonio forzoso e inestable. La ilusión de menos a más llegó a su fin con problemas y peleas que dieron paso a la ruptura definitiva”, relata.

La mujer de 47 años expresa un rostro abatido y doblegado, pero ya hay luz en su mirada. Sus dos hijas nunca la abandonaron, fueron su fortaleza aunque también presenciaron los ataques “de aquel que dijo que nunca nos lastimaría”.

Relata que denunció a tiempo ante la Fiscalía de la Mujer, lo cual contribuyó a garantizar el respeto a sus derechos por medio de investigaciones y persecuciones de los delitos, “con apego a la legalidad y objetividad, y aunque este individuo ya no está con nosotras aún queda esa memoria denigrante, sin embargo, ya estamos a salvo”.