Violencia: zy el gobierno?

Garantizar la seguridad, que es la primera obligación del Estado es, entre nosotros los mexicanos, una grave deficiencia. La interminable sucesión de crímenes, matanzas y encuentros despiadados entre maleantes, crece en lugar de amainar. Tan sólo en las primeras tres semanas del ano suman 32 los muertos en acciones vinculadas con el narcotráfico.

En un oscuro incidente ocurrido en la frontera norte se vieron involucrados agentes estadounidenses y delincuentes, algunos vestidos con uniformes del Ejército mexicano. En el lujoso centro comercial de Santa Fe, al poniente del Distrito Federal, dos agentes del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército, GAFE, murieron y otros dos resultaron heridos en un enfrentamiento ocurrido cuando se disponían apresar a unos narcotraficantes, y así...

Aparentemente, el gobierno mexicano ha llegado al límite de su capacidad de actuar contra el crimen organizado por incompetencia, complicidad o corrupción. La situación parece escaparse de su control.

En lo que respecta a estos casos recientes, es indudable que debemos agotar toda indagación posible para establecer si los delincuentes pertenecen, efectivamente, a bandas criminales o a alguna de las corporaciones destinadas a combatirlos. Si no tenemos la certidumbre de contar con fuerzas leales, estamos perdidos.

En el caso de Santa Fe, llama poderosamente la atención que un operativo de captura de tal importancia parezca haberse encomendado a fuerzas insuficientes. Tanto, que bastó poner fuera de combate a cuatro de los agentes para que los criminales huyeran. zOcurrieron las cosas realmente como dice la versión oficial? Si es así, estamos ante un grave caso de irresponsabilidad de parte de los mandos del GAFE, que costó dos vidas sin ningún resultado positivo.

Es imperativo conocer la evaluación de lo acontecido, cómo se planeó la acción, quiénes la dirigieron, cuántos y cómo participaron, qué faltas de coordinación, fallas y apresuramientos incidieron en el resultado. No basta un comunicado de prensa para cerrar el caso, ni mucho menos. Reclamamos transparencia y averiguaciones a fondo.

No es posible vivir así. Antes, estas acciones llegaban hasta nosotros por los medios de información y ocurrían en el extranjero. Luego se ubicaron en dos o tres ciudades del norte y el occidente del país. Ahora ocurren en cualquier parte de la República y a cualquier hora, en restaurantes, salidas del cine, centros comerciales, calles y barrios. La sociedad se estremece. Los turistas son advertidos de los inmensos peligros de venir a México, las inversiones decaen también por esa razón, muchas familias opulentas son enviadas a radicar fuera de nuestras fronteras. Pero el resto de la sociedad no está en posibilidades de hacerlo ni es la solución abandonar la patria.

Ahora, la acción se dirige hacia el narcomenudeo, que ante la gravedad de la violencia que presenciamos, parece una operación de diversión, para que no veamos el problema en su cabal magnitud.

México parece ser, solamente, una pieza en el vasto tablero del narcotráfico mundial. Se ha dicho que por aquí pasa la droga hacia el norte y es allá donde está la gran demanda.

Mientras cada quien no haga su tarea, la parte de trabajo que le corresponde, no abatiremos el problema.

Estados Unidos tiene el gran reto de combatir el consumo de drogas entre su población y de frenar el flujo de armas de alto calibre hacia México. Así, con el problema atacado en los dos extremos, podrá ser más eficaz toda acción contra la violencia del narcotráfico, que nos podría conducir al aniquilamiento social. (El Universal).