"Ramiro López * CP. El reloj marcaba la hora de salida de una jornada laboral, las 7 de la manana del viernes. Los obreros petroleros se disponían a abandonar las instalaciones del Complejo Petroquímico Nuevo Pemex, sin saber que afuera se gestaba una batalla campal entre dos grupos antagónicos de cetemistas. La causa: defender a como dé lugar el pan de cada día.
Decenas de hombres armados con palos, machetes, motosierras y una que otra arma de fuego, buscaban preservar las plazas de trabajo que generan las companías.
Era una manana nublada, que presagiaba el estallido del conflicto entre obreros, que se dio cuando el grupo de más de 30 personas liderados por Juan Carlos Sáenz Méndez, que se encontraba en el bulevar que conduce a la entrada del complejo, vieron venir a sus antagónicos, un grupo casi igual de trabajadores que dirigían Javier García Ramos y Concepción Martínez Martínez.
Vestidos con overoles y ropa de trabajo, los rijosos portaban garrotes de cocohite, machetes, motosierras y cadenas con los que se enfrentaron en un choque de obreros, donde daban garrotazo por garrotazo y planazo por planazo.
De pronto el bullicio del choque fue interrumpido por el estruendo de las balas de una pistola, que resonaba entre la bola de obreros que se enfrentaban.
El temor a quedar tendido alcanzado por una bala perdida se apoderó de los obreros, quienes se desperdigaron corriendo para un lado y otro buscando protegerse, mientras los más enfurecidos no se intimidaban, al contrario lanzaban más garrotazos a diestra y siniestra contra sus rivales.
Se convirtió en tlacuache
El primero que rodó entre el monte, abatido por varios garrotazos en la cabeza, fue Walter González Álvarez, quien astutamente se entiesó como tlacuache y dejó de moverse para que lo creyeran muerto y dejaran de pegarle.
Mientras tanto, la enardecida multitud seguía agrediéndose sin tregua. El grupo de ""El Jhony"" fue cediendo ante la embestida del grupo contrario, quienes alcanzaron a otros obreros que habían caído abatidos por los garrotazos y planazos de los otros.
Patadas, planazos y garrotazos continuaban lloviendo sobre su humanidad, mientras escurría sangre de su cabeza, como si estuviera mojado por la lluvia, lluvia que no existía. Ahí mismo, un atacante lo ató de pies y manos con una cuerda, sujetándolo a un árbol, mientras que unos corrían detrás de otros que se replegaban corriendo con palos y motosierras en la mano hasta la puerta principal del Nuevo Pemex.
A su paso, un grupo de obreros se encontró con una camioneta Nissan, al parecer propiedad de ""El Jhony"", la que entre varios volcaron, mientras otros le daban con machetes y palos destrozando medallones y las ventanas. Después la pararon y continuaron con la agresión, mientras que otro obrero del mismo grupo encendía un papel con la intención de calcinar la unidad, desistiendo del intento ante la llegada de los agentes especiales de Pemex.
Mientras tanto, los perseguidos hasta la puerta principal del Nuevo México, viéndose copados, trasgredieron las instalaciones federales al saltar sobre la portada de tubos e ingresar al complejo, mientras los obreros de turno, que esperaban salir, huían al interior para evitar ser agredidos.
Rápidamente las fuerzas de seguridad de Pemex se desplegaron en el interior, logrando detener a los trasgresores del área federal, entre los que se dijo iba ""El Jhony"" y su hijo, quienes fueron detenidos por los militares destacamentados en el complejo; mismos que sometieron a los trasgresores de la zona federal y pusieron a 13 de ellos bocabajo sobre una de las banquetas.
Enardecidos, sus perseguidores pedían que los sacaran para acabar con ellos. Nadie cedió a sus peticiones ni les permitieron entrar. El Ejército y los agentes de seguridad del complejo formaron un cordón de seguridad protegiendo a los que habían escapado y a las propias instalaciones de Pemex.
Otros obreros de ""El Jhony"" se refugiaron en las casas de vecinos y otros entre el monte para escapar de sus perseguidores. Familias asustadas salían en defensa de los agredidos, al ver la garrotiza que propinaban al que lograban alcanzar.
Una ambulancia de Pemex -con una doctora, un médico y dos paramédicos- levantó los lesionados, quienes aún en manos de los galenos seguían siendo agredidos a patadas y planazos por la turba enardecida de obreros.
Casi alcanzaban las 8 de la manana cuando se presentaron al lugar tres patrullas con elementos de Seguridad Pública de Tabasco al mando del coordinador Francisco Pérez Chablé, quien pretendía llevarse a los detenidos a bordo de sus unidades, sólo que el Coronel José Aurelio Sosa Rodas y especiales de Pemex dijeron que se harían cargo de los trámites y el resguardo de los detenidos. El policía se mantuvo al margen de la situación.
Alrededor de las 10 de la manana un convoy -dos ambulancias, camionetas de Pemex y una unidad del Ejército Mexicano- custodió hasta las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia de Tabasco a los detenidos y lesionados, quienes ya habían sido atendidos en el servicio médico de Pemex, ubicado en el interior del complejo.
Posteriormente llegó un convoy de elementos de Seguridad Pública de Tabasco para resguardar a otro grupo de obreros a la misma procuraduría.
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