Virgencitas de Copoya: fe, cultura y tradición zoque

En su trayecto, danzas como el Yomoetzé o el Napapok etzé, acompañan la caminata. CP
En su trayecto, danzas como el Yomoetzé o el Napapok etzé, acompañan la caminata. CP

La tradicional bajada de las Virgencitas de Copoya, una de las celebraciones religiosas más longevas y representativas de Chiapas, reúne cada año a miles de fieles que acompañan a las imágenes marianas en un recorrido de peregrinación por Tuxtla Gutiérrez, en un rito de devoción popular con más de tres siglos de historia.

Es una festividad religiosa y cultural profundamente arraigada en la comunidad zoque que combina fe, tradición y sentido de identidad.

Esta celebración gira en torno a tres imágenes marianas: la Virgen de la Candelaria, la Virgen del Rosario y María de Olachea, también conocida como Santa Teresita de Jesús.

Sincretismo

Originaria del periodo colonial chiapaneco, esta tradición remonta su práctica al siglo XVIII, cuando las influencias de la evangelización dominica se entrelazaron con las costumbres locales de los zoques.

Con el paso del tiempo, estas imágenes se convirtieron en símbolos de devoción que los creyentes han honrado mediante un ritual cargado de historia y espiritualidad.

Recorrido

La celebración se divide en dos momentos principales de bajada anual.

La primera, que marca el inicio del ciclo festivo, se realiza del 30 de enero en honor a la Virgen de la Candelaria, y se extiende durante varios días mientras las imágenes recorren diversas zonas de Tuxtla Gutiérrez.

La segunda bajada tiene lugar del 14 al 23 de octubre, dedicada en especial a la Virgen del Rosario.

El recorrido ritual comienza en la comunidad de Copoya, donde las imágenes son retiradas con cuidado de su santuario, envueltas en petates y decoradas con flores antes de emprender su traslado a la capital.

A lo largo de este trayecto, feligreses, danzantes y músicos tradicionales acompañan la procesión. Las figuras son cargadas a hombros por los devotos en distintos tramos del camino.

Una vez en Tuxtla, las Virgencitas visitan más de 40 hogares y casas de mayordomía en un itinerario que puede prolongarse por más de 50 días, según las actividades programadas, incluyendo rezos, danzas tradicionales, música de tambor y carrizo, y convivios comunitarios.

Esta peregrinación no solo tiene un carácter religioso sino también social y cultural: integran la participación de familias completas que trabajan juntos para mantener viva la tradición, transmitiéndola de generación en generación.

En su trayecto, danzas como el Yomoetzé o el Napapok etzé, acompañan la caminata, y diversos grupos folklóricos suman colorido y ritmo a la celebración.

El cierre del ciclo festivo se da con la llamada “Subida”, cuando las imágenes regresan a su santuario en Copoya después de culminar la peregrinación.

Este retorno marca el fin de la fiesta y queda registrado como parte esencial de la identidad cultural del pueblo zoque y la ciudad capital.