Votar fuera de casa

El audaz esfuerzo para hacer valer los votos de los mexicanos que residen en el extranjero es proporcional a la trascendencia de la medida, pero no de los resultados hasta hoy obtenidos.

Las cuentas del Instituto Federal Electoral sumaban 23 mil 421 solicitudes de voto al 15 de enero, día límite para el registro, aunque aún hay solicitudes en tránsito, valederas si la fecha del matasellos postal está dentro del plazo. La mayoría de los solicitantes está en Estados Unidos, Espana y Canadá. El IFE calcula que 18% de las solicitudes recibidas -poco más de 4 mil- no procederán porque no cumplieron con el requisito de enviarlas por correo certificado.

En todo caso, es alentador que se haya iniciado esta nueva experiencia electoral en México. No obstante, también es cierto que hubo poco tiempo para instrumentarla esta vez.

En el futuro, de mantenerse este reconocimiento al votante ausente, como debe ser, habrá tiempo para afinar la vasta maquinaria e informar con amplitud y detalle los puntos en que ahora se falló. Lo esencial sigue siendo que aquí tomamos en serio a los compatriotas que están afuera, sobre todo cuando ellos están en permanente contacto con los suyos y con los sucesos de México, y hacen una aportación sustancial a la economía nacional.

El ano pasado, sus remesas fueron de 20 mil millones de dólares, es decir, algo así como 214 mil millones de pesos. Ellos, las exportaciones petroleras y el turismo nos ayudan a salir a flote.

En todo caso, también queda claro con esta primera experiencia que aún falta un largo camino para estimular la cultura del voto fuera del país, generar confianza, contribuir a que el voto se masifique y que incluso sus organizadores no actúen como si de antemano este proyecto estuviera condenado al fracaso.

Quedó claro, también, que existen reticencias de los mexicanos que no tienen en regla toda su documentación migratoria, y para quienes asomar la cabeza equivale a delatarse a sí mismos.

Además, el mexicano en el exterior tiene indudablemente otras prioridades, como conservar su empleo, mejorar sus condiciones de vida y cuidar la preparación de sus hijos. Estados Unidos es reconocidamente un país de oportunidades, pero con un ritmo de elevada competitividad.

Ciertamente hubo premura para llevar a cabo esta tarea. Pero se asumió la responsabilidad y se debieron obtener mejores resultados. Es claro que la información precisa y suficiente del programa no tuvo tiempo de permear en toda la comunidad ni de convertir el derecho al voto en convicción, deber y derecho.

Asimismo, la turbiedad de algunos procesos internos de los partidos políticos para escoger a su candidato, la imposición habilidosa de otro para llegar solo a la meta, la grisura y vaguedad de los discursos, la desmesura de las ofertas sin reparar en costos y posibilidades reales, todo esto y más, contribuyen al desaliento electoral que nos lleva a tener triunfos con mayorías relativas, pero con porcentajes menores a 40 puntos. Es decir, tenemos muy altos funcionarios encumbrados con la tercera parte de los votos a su favor: una real minoría del padrón electoral, lo cual está en ley, pero sugiere la necesidad de perfeccionar el sistema.

El costo del intento de sumar el voto de los mexicanos en el extranjero es de 110 millones de pesos hasta diciembre pasado. Su valor es infinitamente mayor. (El Universal).