El derecho al voto de los mexicanos residentes en el extranjero, concertó ayer la voluntad de la mayoría de los legisladores.
En la Cámara de Diputados, integrada por 500 miembros, 455 votos aprobaron las enmiendas constitucionales para que los compatriotas que viven y trabajan fuera del país, puedan ejercer su voto por correo en las elecciones presidenciales de julio de 2006.
Cuatro millones de connacionales residen en Estados Unidos, América Latina y en otras partes del mundo. Los expertos estiman que entre 10% y 20% de ellos, es decir entre 400 mil y 800 mil ciudadanos mexicanos, ejercerán este derecho el ano próximo, si antes del 15 de enero lo solicitan por escrito al Instituto Federal Electoral y notifican un domicilio fehaciente para recibir por correo certificado su boleta electoral.
El derecho al voto ha sido una demanda largamente planteada por los mexicanos que han optado por buscar en el extranjero empleo y medios para desarrollarse en condiciones que no encontraron aquí. Conservan su ciudadanía y su cultura, contribuyen a la economía nacional con las importantes remisiones de divisas que hacen regularmente a sus familias, que aquí permanecen, y mantienen la opción de regresar y establecerse en su patria.
Es decir, tienen razones de sobra para reclamar el derecho a participar en la elección de Presidente de la República, por ahora, porque los actos de gobierno tendrán repercusiones concretas en su vida.
Los propios legisladores fueron pasajeramente aturdidos por las complicaciones del proyecto, al grado de que el jueves de la semana pasada se dio curso a dos dictámenes contradictorios entre sí.
El Senado simplificó la cuestión proponiendo el voto postal, en lugar del establecimiento de casillas en consulados o sitios de las mayores concentraciones de connacionales fuera de México. Y los diputados aceptaron la propuesta de la colegisladora.
Legisladores de PAN, PRI y PRD, tan confrontados en otras materias y que no han logrado avances mínimos en cinco anos, coincidieron rápidamente en aprobar las enmiendas para otorgar el voto a los mexicanos en el extranjero, aunque con algunas excepciones.
Pero ya es sabido que cuando hay un acuerdo sólido de tal magnitud, no es aconsejable perder la oportunidad de dar un primer paso, muy importante. Las afinaciones y las conquistas mayores pueden venir a continuación, aunque lo excepcional de esta decisión se conocerá una vez que el proceso electoral se eche a andar y en cuanto se lleve a cabo el procedimiento para el cual el Instituto Federal Electoral tiene una altísima responsabilidad que cumplir.
Como quiera que sea, el acuerdo fortalece y ayuda al proceso democrático. No es pertinente especular a qué partido van a favorecer esos votos. Todos serán ganadores. Muy probablemente, análisis posteriores demostrarán un reparto de los votos en el extranjero muy similar, proporcionalmente al que se dé dentro del propio país, pero esto será sólo a partir de la decisión de quienes voten a distancia.
Si revisamos el largo camino de la evolución democrática de México desde hace 30 anos que se formuló la reforma política, podemos comprobar que cada paso fue firme, y no tan corto como nos pudo haber parecido en cada momento. Lo de ayer fue un hito histórico en este largo, continuo y decidido camino que hemos senalado con nuestros votos. (El Universal).











