Es necesario que México reafirme su influencia en el ámbito latinoamericano. El prestigio acumulado por decenios de seguir una política exterior basada en la no intervención y la libre determinación fueron fundamentales para establecer un principio de respeto y cordialidad hacia nuestro país. Lamentablemente esto es muy distinto hoy.
Lo anterior se manifiesta, por ejemplo, en que no fue posible construir una mayoría en apoyo a México en el intento del canciller Luis Ernesto Derbez por alcanzar la Secretaría General de la OEA y los votos con que cuenta nuestro país son valiosos, pero faltan los de las grandes potencias latinoamericanas.
México tiene otro serio compromiso ahora con el sentido de su voto ante la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra, en donde se pondrá a consideración de los países miembros la resolución de condena que contra Cuba presenta de forma reiterada Estados Unidos.
Aunque la Cancillería mexicana no considera que haya habido cambios en materia de derechos humanos en la isla, respecto de la situación de hace un ano, el gobierno de nuestro país parecería no estar dispuesto a apoyar un endurecimiento de la posición que quiere imponer Estados Unidos en la apreciación internacional hacia la isla.
No debe olvidarse que México ha sido aliado y amigo de Cuba a lo largo de más de un siglo y en ello influye la cercanía filial y cultural de ambos pueblos, así como aspectos estratégicos inocultables. Este es el momento en que a México debe importarle asumir una definición clara ante América Latina y sobre todo el cono sur, que ahora ha lanzado procesos de integración de los que estamos excluidos.
Esas naciones sienten que el gobierno de México ha descuidado el trato y la defensa de intereses comunes y que ha preferido buscar un mayor alineamiento con Estados Unidos sin que eso haya representado beneficios comunes.
No atribuyen esos países hermanos mucha importancia a posiciones ocasionales independientes, como la negativa de México a avalar la invasión de EU contra Irak ni las condenas al bloqueo comercial de EU contra la isla. Si México desea en verdad retomar el camino de la integración, algo que se podría lograr si llega el canciller Derbez a la Secretaría General de la OEA en mayo, va a ser necesario granjearse la confianza de las grandes naciones del cono sur y que ello no dependa de una negociación tácita de nuestro gobierno con Washington para retener su apoyo. Es posible mostrar la voluntad de integración con América Latina mediante un proceso de aproximación, que bien puede darse con la emisión de un voto bien justificado, y basado en nuestros intereses históricos y regionales.
Ahora bien, es necesario que Cuba actúe de tal manera que los demás países de América Latina puedan ofrecerle un apoyo integral. Para ello se requiere que en su vida institucional demuestre que sí se respetan de manera clara los derechos humanos y se permite la actividad política legal de una disidencia que no debe buscar amparo en el ideal estadounidense y en la sombra de los exiliados.
El gobierno cubano pierde apoyos internacionales con una posición rígida y a veces intransigente, independientemente de los valores y las aspiraciones sociales, económicas y culturales que representa.
Favorecer a Cuba debe regirse, consecuentemente, por el apoyo que Cuba se dé a sí misma. (El Universal).











