Xun Betán, antropólogo tsotsil de talla internacional

Xun Betán, antropólogo tsotsil de talla internacional

La colonia Paraíso del Grijalva lo vio nacer. Venustiano Carranza es el municipio donde se formó, ser indígena tsotsil le implicó vencer muchos obstáculos, aguantar desprecios y hasta actos de racismo.

Hoy se ha constituido como un antropólogo de talla internacional, ha recorrido varios países del mundo para mostrar su trabajo, para promocionar el respeto a los pueblos originarios; la poesía y los ensayos forman parte de su formación profesional, se trata de Xun Betán, un antropólogo social que realizó la traducción del libro “El Principito” a su lengua materna: el tsotsil.

Además de ser egresado de la Universidad Autónoma de Chiapas (Unach), es investigador, traductor e intérprete. Con un ceño en su rostro demuestra su enojo por el poco respeto que hay en nuestro Estado y el país a las comunidades indígenas.

Sus obras literarias más importantes han tenido más impacto en terreno extranjero; en el territorio nacional y local fue ignorado por diferentes instancias gubernamentales. Su producción literaria también la ha llevado hacia las comunidades zapatistas, donde han tenido muy buena aceptación.

-¿Es frustante, profesionalmente hablando, que tus trabajos se conozcan más en Argentina o Cuba que en México o Chiapas? Sonríe y se extiende más una barba diminuta que le acompaña; dice que no, pero sí molesta que en el país, por la misma corrupción o el racismo, no se le de importancia a temas culturales.

La traducción del libro “El Principito” le requirió de 10 años de trabajo, la parte más difícil -dice el investigador-, fue la comercialización pero también dicha obra le ayudó para aprender el castellano.

Debido a la falta de apoyo por parte de las autoridades locales, la traducción que hizo sólo se podrá adquirir en Argentina, en la Ciudad de México y en España. Son mil ejemplares y también algunos se entregarán en las escuelas tsotsiles de los Altos de Chiapas.

La historia y el impacto que generó el escrito se remonta varios años atrás, cuando en su pueblo natal se presentó un conflicto social y saquearon la biblioteca; de ahí tomó varios títulos, las imágenes le llamaban la atención.

Acudió a la librería José Emilio Pacheco, en Tuxtla Gutiérrez, para la presentación del proyecto; con un sombrero en color café y unos huaraches que reflejan su respeto por la vestimenta originaria, pidió a los jóvenes indígenas a que no se limiten a realizar ningún tipo de actividad.

Los indígenas, reclama, no son floreros ni tampoco objetos que sirvan para adornar espacios, tienen la misma dignidad y capacidad que cualquier persona.

-¿Con la creación de tantas instituciones hay algún avance en las comunidades indígenas? De manera inmediata y de forma contundente responde que no. Lamenta que el lenguaje de desprecio a los pueblos originarios se haya naturalizado.

Xun Betán relata lo complicado que fue atravesar la escuela, porque sólo hablaba tsotsil; se enfrentó a un modelo educativo que no le permitía hablar en su lengua materna. También sufrió discriminación hasta por los maestros.

Con ahora 35 años de edad, con múltiples trabajos de su autoría, con un recorrido a varios países del mundo, a miles de kilómetros de casa, recordó los llantos y tristezas que pasó; él se refugió en la literatura, para volar, para sentirse libre, dice.

Para estudiar la Universidad emigró hacia San Cristóbal de Las Casas; su infancia estuvo rodeada de libros, con eso ha conocido otros mundos… otras realidades.

En una forma sonriente, relata que reprobó dos veces en la primaria, porque le dijeron que “no sabía nada”, a esa edad no dimensionaba la violencia que pasó en el sistema educativo.

Junto a un lingüista, después de culminar sus estudios superiores, comenzó a trabajar en un proyecto de investigación de la variante de tsotsil de Venustiano Carranza.

-¿Que le falta al modelo educativo en nuestro país?, le preguntó al antropólogo.

Al sostener con fuerza el libro traducido al tsotsil, acomoda sus brazos, precisa que para avanzar las instituciones no se tienen que mezclar con la clase política, porque hasta ahora se ha diseñado un programa que no funciona, porque no se incluye a la población que habla una lengua materna.

Consideró necesario que los actos de racismo a las comunidades indígenas disminuyan esto, explicó, ha obligado a pensar que hablar una lengua sea un acto de resistencia en nuestro país.

Ahora, con esfuerzo y dedicación, ha podido superar aquellos estigmas que se han naturalizado hacia las comunidades indígenas; sin embargo, ha podido conquistar (por decirlo de algún modo) otros países donde sus obras son valoradas, aunque en México y Chiapas las puertas se le han cerrado.