"Agencias * El Universal Con encomiable valentía, la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, propuso a la esposa del Presidente de la República hacer a un lado diferencias ideológicas para atender los problemas de adicción en los jóvenes. La reacción de Margarita Zavala fue atinada, al tomarle la palabra a la perredista.
Esta nota positiva de la semana pasada remite a un sinfín de problemas, desde la estrategia errada del PRD desde 2006 hasta el sentido de la cooperación política en un país urgido de reformas institucionales, de lo cual la Francia de Sarkozy nos pone un ejemplo inapreciable.
El reconocimiento o desconocimiento a la legitimidad del gobierno de Felipe Calderón se ha vuelto la piedra de toque de las campanas internas, en la renovación de dirigentes del Partido de la Revolución Democrática. Además de las múltiples corrientes internas, dos bandos se han perfilado en la contienda. Por una parte, el encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas que sostiene la necesidad de reconocer a Calderón. Por otra, el que dirige Andrés Manuel López Obrador, que postula lo contrario y ve en el posible fracaso del Presidente su éxito político.
La apuesta de López Obrador a esta ruta de acción ha sido costosísima para la principal opción de la izquierda que a medida que pasa el tiempo, le da rendimientos decrecientes. Lo peor de todo es que el costo para el país es quizá de mayor trascendencia que para el PRD y organizaciones que lo acompanan. Después de la elección más renida de los tiempos democráticos, cuando la diferencia entre el ganador y el perdedor fue de menos de medio punto porcentual, López Obrador y su grupo optaron por exhibir su resentimiento ante un fraude denunciado pero nunca probado. Cayeron de lleno en la trampa del sistema presidencial: ""El ganador se lleva todo"", y lanzaron a la opción de izquierda, que tanto costó construir, a la senda de la esquizofrenia y el culto a la personalidad.
Esta no era la única opción que tenían y, desde luego, no fue la más innovadora para la política nacional. Con más de un tercio de los votos en su bolsillo, el PRD con López Obrador a la cabeza hubiera tenido la fuerza para buscar un pacto político nacional con una agenda de cambio económico, social y político. No parece haber duda de que la necesidad de avanzar en esta dirección es una prioridad nacional, mayor que la de tener un presidente de izquierda en una institucionalidad desvencijada.
Pues bien, la decisión lopezobradorista fue abandonar a sus votantes y simpatizantes (""al diablo con sus instituciones""), en el afán mayoritario de reconstruir el sistema político y económico, y trocó este objetivo por la ilusión de un liderazgo disfrazado de una ""legitimidad"" que emana del solipsismo.
El peso del 35 por ciento del electorado se mermó al mínimo en su fuerza para exigir un pacto de transición económico-político y de incidir en la política pública, planteando ideas en cada tema y reclamando una negociación indispensable en un sistema político que debe transitar, al menos, a una fórmula semiparlamentaria para responder a la pluralidad ciudadana.
A pesar de lo puntual del planteamiento de la presidenta de la Cámara de Diputados (cooperación conjunta contra adicciones juveniles), la reacción oficial de su partido ha sido el rechazo tajante envuelto en la misoginia inaceptable de Gerardo Fernández Norona.
La línea pejista es que debe de haber cero contactos con el gobierno de Calderón, al que denominan ""de facto"". La ceguera parece ilimitada para el vocero del PRD: ""De plano la companera Zavaleta está obnubilada por el cargo. Si bien el problema de las adicciones es un problema serio es increíble que no vea o no quiera ver la demagogia y la manipulación que Calderón ha hecho del tema con el supuesto combate al narcotráfico"".
La reiteración de afirmaciones sin sustento es ya la fórmula oficial que predomina en el PRD o znos ha explicado Fernández Norona por qué el combate al narcotráfico, que tantas vidas está cobrando, es simulado? De paso habría que preguntarse por qué el partido es ""dueno"" (en este país de duenos y senores), de la línea política de una diputada que, además, preside su Cámara.
Bienvenido sea el afán de cooperación entre fuerzas políticas distintas en los asuntos que atanen a la nación. Ojalá esa cooperación pudiera extenderse a todos los temas importantes para llegar a la única fórmula aceptable en un sistema plural: soluciones de compromiso entre posturas opuestas.
Y es precisamente el ejemplo de Francia el que viene a cuento en este contexto. El presidente Nicolás Sarkozy, basado en una sensata lectura del resultado de la elección presidencial, designó una comisión para revisar las instituciones encabezada por Edouard Balladur (ex primer ministro de Jacques Chirac).
Para Sarkozy, haber ganado la elección por sólo cuatro millones de votos no lo autoriza a ""imponer su criterio"" a todos los franceses, según senaló el 18 de julio al instalar la comisión.
Sólo tres meses después, la comisión ha entregado un reporte con propuestas para realizar 77 cambios a su sistema institucional que se basan en el reconocimiento de ""nuevos derechos para los ciudadanos"", como, por ejemplo, dotarlo de capacidad para iniciar acciones de inconstitucionalidad de leyes con consecuencias generales. Si tan sólo dispusiéramos de ese instrumento, México sería distinto en la calidad de su vida pública.
A diferencia de la incierta reforma del Estado que se realiza en México, los franceses decidieron tener primero un panorama de conjunto e integral de las reformas requeridas, antes de proceder al trabajo parlamentario.
Bienvenidos, de nuevo, esfuerzos valerosos como el de la diputada Zavaleta. Únicamente la generalización de esta actitud puede evitar la perdición definitiva de la izquierda y el estancamiento del cambio. (El Universal)
"











