zCuál mal prefiere: gobierno o mercado?

Francisco Valdés Ugalde * El Universal. La dicotomía entre gobierno y mercado ha enviado al basurero del debate lo más importante de toda economía política: el cuidado del interés público.

Aun en medio de la crisis más severa que hemos conocido, probablemente mayor que la de entreguerras, persisten los bandos que consideran que debió predominar el mercado sin que hubiera ningún tipo de intervención gubernamental sobre la crisis o bien que los gobiernos deberían haber mantenido la regulación estricta del comportamiento de los mercados.

Estos han sido los extremos predominantes durante la década de los 90 y la primera de este siglo. A cual más equivocada, estas visiones han sido convertidas en ideologías crudas. Aunque tengan inspiración en corrientes teóricas sofisticadas, han servido para crear esperpentos más que para resolver los problemas de coordinación social que están en el fondo.

Gobierno o mercado, zcuál quimera prefiere usted? Más allá de lo razonable y de lo racional, las ideologías de mercado o las estatistas contribuyeron en su polarización pública a dejar fuera del tablero del juego el aspecto más importante que subyace a esta polémica histórica: el interés público, el bienestar colectivo, la cohesión social por encima de la fragmentación, del odio, la segregación y la guerra.

Prisioneros de la disyuntiva parecemos condenados a elegir entre la avaricia y la depredación más puras o el control centralizado que inclina el interés económico hacia el político y lo convierte en el poder estamental del gran burócrata aliado de los más acaudalados.

La disyuntiva es falsa y, mientras persista, la conciencia pública será presa obligada a moverse en sus dicotomías.

Salir de ellas es apremiante. Hay elementos y trazas en el pensamiento económico, sociológico y político para hacerlo. Desde luego, no se pueden exponer en este espacio. Pero sí enunciar lo básico: necesitamos colocar en el centro de la discusión acerca del orden económico-político el bienestar común como un bien público, como una producción colectiva que no puede ser dejada ni en manos de los jerarcas del mercado ni de los poderes del Estado sin participación de la sociedad, que es propiamente el sujeto de ese bien colectivo.

De ahí que las acciones a emprender para contrarrestar los efectos de la crisis económica y, eventualmente, llegar a controlarla requieren conceptualizarse como acuerdos entre la sociedad y el gobierno; es decir, entre los dos miembros fundamentales del Estado político.

Hayek y Keynes, polos opuestos en el debate histórico sobre cómo manejar las crisis, coincidían en dos puntos. Que las crisis se originan por la intromisión humana en el delicado tejido de su estructura social construida por la historia. Y que no había más remedio que seguir buscando la forma para que la intromisión dejase de serlo y diera paso a una forma inteligente de convivencia y de coordinación de intereses negociados.

Ninguna de las corrientes originadas por esos grandes economistas políticos ha gestado el paradigma adecuado para atender el más caro objetivo que se propusieron, a saber, cómo asegurar una vida social civilizada y digna; una gobernanza para el bienestar.



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Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM