Human Rights Watch reconoce que el presidente Vicente Fox Quesada tuvo un buen comienzo en materia de derechos humanos, al mostrar apertura para el trabajo de los organismos internacionales, pero que al final de su gestión no tiene buenos resultados que ofrecer.
En un balance del gobierno de Fox, que llegará a su fin en poco más de seis meses, el director ejecutivo de la entidad, José Miguel Vivanco, dijo que el presidente Fox asumió muchos compromisos que en la práctica no pudo cumplir.
Por ejemplo, aunque califica de positiva la Ley Federal de Acceso a la Información, acota que, sin embargo, el Instituto Federal correspondiente, el IFAI, carece de autonomía. Un organismo limitado en su capacidad de acción ve reducida su eficacia, inevitablemente.
Pero no sólo en cuestión de transparencia estamos en panales, según la expresión de Human Rights Watch. Los crímenes del pasado están impunes porque la Fiscalía creada para investigarlos se estrelló contra la autoridad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Queda, para hacer justicia, la posibilidad de una Comisión de la Verdad, que Fox no tendrá tiempo de crear, y el Congreso está maniatado por los compromisos interpartidarios, según los cuales unos no abordan un tema difícil a cambio de que los otros dejen en paz sus propios pendientes.
El archivo de expedientes de violaciones a los derechos humanos se abultó considerablemente en el último decenio. De 1993 al ano pasado, 377 mujeres han sido impunemente asesinadas en Ciudad Juárez, según la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua, sin visos de justicia para un asunto que ha llamado la atención en todo el mundo.
Hace dos semanas, en San Salvador Atenco y en Texcoco, estado de México, gente, en la comunidad, fue apaleada y un menor murió de un tiro en el pecho, presuntamente disparado por policías.
Los mineros también fueron víctimas de la violencia indiscriminada que causó muertos y heridos en Lázaro Cárdenas, Michoacán.
A Human Right Watch le preocupa que Fox no haya cumplido, pero más le inquieta que el tema de los derechos humanos no aparezca en la agenda de las campanas electorales en curso, pues eso podría significar que el próximo gobierno ni siquiera retóricamente se ocupe del asunto.
Y sin embargo, es la fuerza de la opinión pública y de la acción ciudadana, la que debe obligar al respeto de los derechos humanos, sin lo cual difícilmente podemos avanzar en la consolidación de una sociedad civilizada.
Machaconamente, con los datos duros que la experiencia nos ofrece a diario, hemos de apretar para que la vida real se acomode a los imperativos de las garantías legales.
Como quiera que sea, lo contrastante a todo esto es que hace apenas unas semanas México pasó a formar parte de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Esto, más que una asignación por el buen comportamiento mexicano en la materia, suena a reproche del muy alto organismo internacional, que es, a fin de cuentas, el representante de la mayor parte de las naciones en el mundo. A ver si ésto recompone las cosas en nuestro país, por lo menos. (El Universal)











