zDesencanto ciudadano?

Durante la firma de un convenio con la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión, que establece dos debates entre los candidatos a la Presidencia de la República, el presidente del Instituto Federal Electoral, Luis Carlos Ugalde, expresó su confianza en que ello revierta el sentimiento de desencanto que percibe entre los ciudadanos, por el manejo de partidos políticos y aspirantes a jefe del Poder Ejecutivo de la Federación.

Ugalde cree, atinadamente, que los debates, previstos para abril y junio podrían orientar la contienda hacia una confrontación de ideas y programas, no de descalificaciones mutuas.

Es que el espectáculo de la descarnada pugna por las candidaturas ha sido inocultable, en parte por la necesaria imparcialidad de los órganos electorales, pero sobre todo por la activa supervisión ejercida por los medios de comunicación.

Ha habido desde sangrientos combates cuerpo a cuerpo hasta grotescas pretensiones de comprar candidaturas con cheques de millones de pesos. Los sucesivos episodios han sido vergonzosos, indignantes y preocupantes. Esto ha dado como resultado un serio desencanto ciudadano que, naturalmente, se tiene que revertir en bien de nuestra aún incipiente democracia.

Una causa de los vulgares enfrentamientos podría encontrarse en la estructura misma del sistema electoral, cuyas deficiencias son más que evidentes en este momento en el que partidos políticos viven crisis internas de difícil desahogo.

Corregir estas deficiencias estructurales está, paradójicamente, en manos de los partidos políticos representados en las diferentes instancias legislativas y, por lo que se ve, no será fácil que lo hagan.

Por lo pronto, la manera más práctica, rápida y conveniente para contrarrestar la decepción ciudadana ante partidos y candidatos es asumir un comportamiento de mayor madurez y responsabilidad política, social y democrática.

El desencanto es una alarmante luz roja en el tablero del proceso electoral y de ahí a la abstención hay muy poco trecho. Si con la votación de 100% del Registro Nacional de Electores difícilmente alguno de los tres partidos mayores podría ganar con mucho más de la tercera parte de los votos, si a ello restamos los que se abstengan a participar en las elecciones como senal de decepción, que es una forma de protesta, corremos el riesgo de tener un Presidente elegido por una minoría raquítica. La ilegitimidad es, por tanto, una amenaza que se cierne sobre nuestro futuro político.

Los debates de ideas son una buena alternativa para elevar la calidad de la contienda. Pero entre los dos debates, los electores estarán expuestos a casi medio ano de masiva difusión de anuncios, discursos, bardas, concentraciones, reuniones, visitas, mensajes electrónicos y telefónicos desde todas direcciones.

No será fácil discernir el meollo de las propuestas de un debate,en medio de un torbellino que pocas veces hemos visto en la historia de nuestras campanas políticas.

Los ciudadanos tienen que estar muy pendientes del curso de los acontecimientos, partidos y candidatos han de refrenar sus peores instintos e impulsar los mejores, y los medios de comunicación deben superarse a sí mismos para cumplir una misión informativa verdaderamente evaluadora y juiciosa. (El Universal)