"No tenemos para dónde hacernos. La estimación más optimista de PIB nacional para 2009 la hace el gobierno federal, que espera una tasa de crecimiento cero, y de ahí para abajo. El resto de los analistas apuestan en México hacia el terreno del crecimiento negativo.
Tenemos que lidiar con esta realidad y defender, por sobre todas las cosas, el bien más preciado del circuito económico que es el empleo.
En las reacciones al Acuerdo Nacional en Favor de las Familias y el Empleo, signado el miércoles pasado, hay un consenso claro en el sentido de que sus 25 puntos están bien orientados pero son insuficientes. zEn qué pudieran serlo? El empleo es el caso más sintomático. Lejos de ser el objetivo mejor atendido, es el que a final de cuentas se queda corto.
El sector empresarial firmó el acuerdo con la consigna retórica de defender los puestos de trabajo ""hasta donde sea posible"", como dijo cantinflescamente el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Armando Paredes, quien de esta manera se curó en salud y dejó abierta la posibilidad para que se sigan dando recortes ""preventivos"" en empresas e industrias mexicanas.
En realidad no existe el compromiso concreto de la iniciativa privada para evitar despidos. Ni siquiera para limitarlos a determinados porcentajes de pérdida o ligarlos a la caída sectorial de sus ingresos. Nada. Discrecionalidad pura que deja indefensos a los trabajadores.
Por su parte, el gobierno federal anunció apoyos para la preservación del empleo en el sector formal de la economía, no en el informal, en el que viven casi la mitad de los trabajadores de México.
Pretende apoyar a empresas que entren en paro técnico y asignar mayores recursos al Servicio Nacional de Empleo, que hasta ahora ha sido de una utilidad marginal. No son malas ideas, pero los límites de sus alcances son evidentes.
Por inercia demográfica, cada ano se incorporan a la Población Económicamente Activa (PEA) un millón 200 mil mexicanos, de los cuales, en los últimos cinco anos, habían podido encontrar trabajo formal alrededor de 400 mil, por lo que 800 mil quedaban en situación de paro y muchos en calidad de migrantes.
En condiciones ideales, tal rezago laboral acumulado apenas podría ser paliado si la economía creciera a un ritmo anual de 6% en los próximos anos, lo cual, en las actuales circunstancias, es imposible. La bomba de tiempo social que esto genera es de enormes proporciones.
Otros dos mecanismos de apoyo a los trabajadores del acuerdo de esta semana no evitan el desempleo, pues operan cuando ya hayan sido corridos.
Uno mediante la ampliación del tiempo de cobertura del Seguro Social y otro, de alto riesgo, que amplía la capacidad de retiro de fondos de las afore por desempleo, útil en el corto plazo de una emergencia, pero detonador de una grave crisis familiar y patrimonial de mediano y largo plazo, que no puede ser desestimada.
Se pretendió construir un techo de protección al empleo, sí, pero que no tiene el tamano ni la fortaleza que los tiempos exigen. Es de paja, no de concreto, como debiera haberse disenado y construido.
Debe quedar claro para todos los sectores productivos del país que no son tiempos de especulación y medias tintas. Que sin empleo no hay consumo, no hay demanda y por lo tanto la crisis se profundizará.
Urge revisar los términos del acuerdo y radicalizarlo en la defensa de los puestos de trabajo, porque no se trata de aliviar con ortodoxias una situación excepcional que rebasa toda expectativa.
Para guarecernos de la tormenta económica que nos ha caído encima, los mexicanos hemos de protegernos asegurando tres prioridades: el empleo, el empleo y el empleo. zO no fue esta la consigna más importante durante la campana electoral del actual presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa? (El Universal)
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