zHacia dónde va el país?

La situación política en México, escenario del conflicto que gira en torno del desafuero del jefe de Gobierno del DF, se ha deteriorado aun más. Ha llegado a extremos preocupantes. Y no es que el ciudadano de a pie esté mal; el problema radica en una descomposición evidente de la política en las altas esferas del poder nacional. La política está hoy más alejada que nunca de la definición clásica que la describe como el arte de servir. Se ha establecido un pleito abierto y estridente entre personalidades y sus respectivos proyectos individuales. Una confrontación que excluye a los mexicanos, quienes sólo aparecen como espectadores de hechos que resultan verdaderamente insólitos para una democracia que se intenta madurar.

El choque de dos personalidades, obsesionadas por lo que ocurrirá en las elecciones presidenciales de 2006, así como los dimes y diretes declarativos de cada día; las acusaciones; las descalificaciones; el agravio y hasta la grosería han evadido el verdadero debate democrático y de gran altura política.

Preocupa que ninguna parte quiera ceder, y ello redunda en que se frustren los intentos que algunos actores políticos hacen para que la razón se imponga. Se olvida que la capacidad de negociar y de intercambiar concesiones mutuas es la base de la vida política moderna y de las democracias consolidadas.

También preocupa la inflexibilidad de un discurso, ya monótono, de las partes en conflicto, donde se habla de legalidad cuando la misma se burla día con día, o bien de teorías conspiratorias, que se emplean con provecho para granjearse simpatías acríticas o el uso de la ley para fines de anulación del adversario.

Con buena voluntad de las partes se podrían encontrar soluciones a un conflicto que, como maldición, se renueva irresponsablemente una vez que parece llegar el avenimiento. El pleito se convierte además en un pretexto para no trabajar; para no rendirle resultados a la ciudadanía y para desviar recursos y hasta a instituciones completas, que dejan de cumplir sus cometidos al ser usadas como peones en el conflicto entre autoridades, que lograrían verdaderas maravillas para los gobernados si se decidieran a cumplir con su responsabilidad en conjunto y con cordialidad. Amén de la polarización de los que apoyan a cada bando, está surgiendo un creciente sentimiento de fastidio entre los ciudadanos.

En el extranjero se aprecian, asimismo, indicios de fastidio ante un escándalo no propio de un país que pretende conseguir una mayor influencia en el mundo. No comprenden quienes atizan la confrontación que el dano a la nación y a su imagen externa puede hacerse en un solo día, pero toma muchos anos resarcir.

Los gobernantes extranjeros y los intereses económicos ya han enviado mensajes por la vía periodística y editorial, pidiendo cordura a los rijosos, sin que éstos hubieran captado estas senales que tienen un significado claro: la desconfianza en el país, lo cual se refleja, en primera instancia, en la fragilidad de los índices bursátiles.

Por todo esto, los mexicanos exigimos que tanto el presidente de la República, Vicente Fox, como el senor Andrés Manuel López Obrador entren en cordura y que quienes les murmuran al oído animadversión y aun venganzas paren ya, porque está de por medio la paz social y la lucha por el futuro de México: el único país que tenemos. (El Universal).