Si México tuviera un sistema parlamentario, en la semana inicial de septiembre próximo la Cámara de Diputados estaría eligiendo al primer ministro encargado de dirigir al gobierno. Por el resultado de la elección del pasado domingo, este cargo seguramente recaería en un dirigente del PRI.
Por su parte, el presidente Felipe Calderón estaría obligado a replegarse en su papel de jefe de Estado, condenado a cohabitar con los priístas triunfadores. Sin embargo, México no tiene un sistema parlamentario y carece de mecanismos que hagan más tersa la cooperación entre los partidos políticos más votados del país.
Un sistema presidencial sin mayoría legislativa tiende a construir presidencias no sólo acotadas sino con un poder Ejecutivo francamente débil. Tan frágil, que a menos de 24 horas de que se celebraran los comicios del pasado domingo, Emilio Gamboa Patrón -saliente coordinador priísta en la Cámara de Diputados y uno de los principales dirigentes del partido- tomó la palabra para exigir que el Presidente llevara a cabo cambios en su gabinete. El mensaje es contundente: si el jefe del Ejecutivo, tal como lo ofreciera él mismo en su comunicación del pasado domingo, quiere un espacio de acuerdo con sus mayores adversarios, debe empezar por entregarles en bandeja de plata la cabeza de algunos de sus secretarios de Estado más leales, pero también más odiados desde la oposición. zEn quién piensa el PRI? O más interesante aún, za qué integrantes del PRI propondrían para ocupar esas secretarías?
Por lo pronto, Germán Martínez Cázares, hasta el lunes dirigente del PAN y el mayor denostador del Revolucionario Institucional, ya dejó su cargo.
Todavía falta por ver si la nueva composición del poder en México no termina forzando a una suerte de parlamentarización de nuestro sistema presidencial. (El Universal)











