zMás gasolina a los problemas?

El gobierno de Vicente Fox se despide con aumentos a la leche Liconsa, a las gasolinas ecológicas y al diesel, que inevitablemente pegarán, por efecto dominó, a los bolsillos de los consumidores. Los incrementos se traducirán en algunos puntos de inflación que afectarán de manera diferenciada a la sociedad, pero, hay que reconocerlo, tampoco de forma tan dramática como hace dos o tres sexenios, cuando los relevos de gobiernos eran acompanados de inflaciones hasta de tres dígitos.

Aun así los organismos cúpula del sector empresarial -Coparmex, Canacintra- externaron su inquietud de que esto pudiera ser el inicio de una espiral inflacionaria. Por su parte, el tema fue un pretexto más de disputa y encono dentro de nuestra clase política, que reiteró que no sabe ponerse de acuerdo, pues hace girar todo en torno a la coyuntura, como es el caso de la toma de posesión del Presidente de la República el próximo 1 de diciembre.

Nada escapa al discurso de la crispación y la estridencia. Ayer, en el palacio legislativo de San Lázaro, diputados del PRD y PRI tomaron la parte baja de la tribuna del salón de plenos, ante la negativa inicial del resto de las bancadas partidistas a debatir sobre cancelar los aumentos promovidos a la leche Liconsa por el Ejecutivo federal. Peor aún, amenazan con no estar presentes en las discusiones del paquete económico del ano 2007, si es que no se atienden sus reclamos.

Mientras que el PAN advierte que si no se deja rendir protesta al presidente electo, como la costumbre marca, se interrumpirá el contacto legislativo con el PRD.

Esta ida y vuelta augura eternas jornadas de amagos y tensiones, de partes que intercambian consignas y en las que nadie quiere escuchar al otro. Eso no debe suceder en el Poder Legislativo, ámbito de negociación por excelencia. Ahí no caben las intransigencias ni los desplantes. Ninguna fuerza política puede imponerle el silencio a las demás, como tampoco debe haber temas vetados o tabú. Los asuntos a debate han de llevarse al terreno de las mayorías y de los acuerdos, como sucede en todos los parlamentos del mundo.

En el caso particular de México, no podemos darnos el lujo de ver todo a través del cristal postelectoral y hacer de la ceremonia de la toma de protesta un parteaguas, del que dependa el renacimiento o la desaparición de México.

Es entendible ser enérgicos en el planteamiento de posiciones, pero sin arrogancia y con altura de miras.

Temas polémicos como los aumentos en gasolinas y leche siempre habrá, y no podemos enfrentar cada uno de ellos a gritos con senalamientos apocalípticos respecto de la posición del otro. El Legislativo es, insistimos, para eso, para el diálogo, para mediar, para llegar a acuerdos y no para trazar en cada tema callejones sin salida.

En la falsa disyuntiva entre negociar y ceder, los actores políticos mexicanos habrán de ensenarnos su avance o si se dedican a minar las instituciones con base en bloquearse uno a otro el camino del entendimiento. La democracia peligra ante la prevalencia de la política del descontón. (El Universal).