"El futuro nos alcanzó"", les dijo Agustín Carstens a los legisladores. Las bajas en el precio del petróleo y el agotamiento de las reservas en el subsuelo significarán 300 mil millones de pesos menos para el próximo ano, ""un shock financiero, el impacto fiscal más grande en los últimos 30 anos"", anadió el secretario de Hacienda. Ya no hay manera de postergar el tema.
Para enfrentar este gran boquete en las finanzas públicas Carstens hizo tres propuestas: 1) ampliar moderadamente el déficit público, 2) crear nuevos y/o más amplios impuestos y 3) volver más eficiente el gasto del gobierno.
Flota de inmediato la duda: zcuáles serán esos nuevos impuestos? zIVA en alimentos y medicinas? zAmpliar el umbral del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) para asegurar una mejor recaudación sobre la renta? zIncrementar los impuestos especiales (cigarros, celulares o bebidas alcohólicas)? Todas son opciones ya exploradas que no parecen suficientes para tapar un hoyo cuyo tamano es de 3% del Producto Interno Bruto del país.
Hay otra opción: eliminar el régimen de consolidación fiscal que hoy permite a las grandes empresas distribuir sus pérdidas y ganancias de tal manera que acaban por eludir grandes cantidades frente al fisco. Dada la emergencia vale la pena soportar la presión contra Hacienda de los grandes corporativos. Podría, sin duda, cubrir al menos durante 2010 el enorme hueco que la reserva petrolera de Cantarell ha dejado sobre las finanzas públicas nacionales.
Los legisladores que el próximo mes inician actividades tendrán que decidir entre alguna de estas muy escasas opciones. Lo indudable es que el país ya no está en condiciones de aceptar otra mini reforma fiscal. El Universal
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