La producción total de Petróleos Mexicanos es compartida entre México y Estados Unidos -a precios preferenciales- menos una fracción destinada a Espana, Cuba y Centroamérica. No está mal. Somos amigos y socios de esos países.
Lo que es imperdonable es que tengamos rezagado a Pemex por el manejo irresponsable de las finanzas públicas, al grado de que ya se hable de privatización y se le impida ser una empresa pública seria, moderna, eficiente y competitiva con la parte de sus utilidades que le permitirían un sano desarrollo.
Vendemos la materia prima y la compramos convertida en gasolina y en una infinita variedad de productos petroquímicos, desde plásticos y cosméticos, hasta pinturas, telas, herramientas y piezas de alta tecnología.
Y ahora mismo, cuando vemos agotarse el yacimiento de Cantarell, en el Golfo de México, nos enfrentamos a la inminencia de la explotación de la reserva petrolera transfronteriza en el mar, frente a Tamaulipas y Texas.
Mientras nosotros discutimos desordenadamente, las grandes petroleras estadounidenses trabajan a conciencia para comenzar en dos anos a succionar el aceite que está a más de 5 mil metros de profundidad.
En junio de 2000, México y Estados Unidos establecieron un plazo de 10 anos sin explotar esa riqueza, que es de propiedad común. Pero ellos se están preparando para hacerlo ya, al término del plazo, y nosotros no.
Ambos podríamos introducir nuestro popote para succionar, pero el que más chupe más jala.
No parece haber recursos legales para detener a empresas que llevan invertidos cientos de millones de dólares en un proyecto de perforación y explotación. Seguir sin inversión ya sea pública o privada en la exploración y explotación de nuestros yacimientos implicará regalarle el petróleo a Estados Unidos.
La nítida lección de este episodio es que sí tenemos reservas de crudo y que existe la tecnología para obtenerlas.
Lo que Pemex necesita es dinero. Si es imposible dejar de quitarle gran parte de sus ganancias -para llenar el hueco en las arcas- entonces es necesario permitir su asociación con capital privado sin ceder la propiedad nacional sobre el petróleo, como lo hace el resto del mundo. (El Universal).











