"El Instituto Federal Electoral (IFE) es la piedra angular del sistema democrático mexicano, pero ya es general la exigencia de que se le perfeccione, sobre todo luego de las cuestionadas elecciones del 2 de julio, en las que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, desconoció los resultados y se dijo defraudado con senalamientos directos hacia el consejero presidente del Instituto, Luis Carlos Ugalde.
Para el titular del IFE, las elecciones federales del pasado 2 de julio fueron ""las más exitosas de la historia"", aunque la percepción pública sea diferente, según él mismo acota en una entrevista con El Universal. No es menor el hecho de que la operación más importante del IFE, los comicios presidenciales, resulten desde su punto de vista exitosos al tiempo que una adversa percepción pública los empana. No lo es precisamente porque el mérito de las elecciones es que produzcan certidumbre en los resultados.
Lo cierto es que el IFE quedó hundido en la polémica y con su imagen severamente cuestionada. El titular del organismo guardó silencio. Pero ahora responde: fueron senalamientos ""infundados"" y de ""mala fe"". Ya con el horizonte más claro en el ámbito nacional, aunque todavía con nubarrones, Ugalde acepta dar su visión de ese momento crucial para la vida nacional. Admite las limitaciones legales del IFE en ese momento, pero las justifica. ""El IFE no tiene dientes"", según la expresión de Ugalde, para castigar a quienes indebidamente intervinieron en el proceso electoral, como sucedió con el presidente Fox y con el Consejo Coordinador Empresarial, aludidos en el fallo del Tribunal Electoral que validó el proceso.
Hoy el IFE tiene que restaurar su crédito como instrumento imprescindible para el futuro político de México. En esto le va la vida. Sin duda recuperar la plena confianza ciudadana es el mayor de sus retos. Un buen principio es admitiendo las fallas e insuficiencias legales, las ambigüedades y contradicciones de los ordenamientos electorales.
El segundo paso es avizorando o proponiendo, más concretamente, las reformas electorales indispensables para los nuevos tiempos de la democracia mexicana, marcados por una verdadera y mayor competencia partidista. La creciente insatisfacción de los mexicanos, admite Ugalde, es que la mayor democracia que tenemos no se está traduciendo en mejores gobiernos. Por eso, propone una reingeniería institucional para que los políticos puedan tomar decisiones e implementarlas con mayor eficacia. Y eso incluye al Congreso, al Poder Judicial, al sistema electoral, al sistema fiscal. ""Eso es a lo que nos debemos abocar en los próximos anos"".
El debate, pues, está sobre la mesa. Ahora falta que los líderes políticos y sociales le den al tema la prioridad que le corresponde. Sin olvidar que la pasión política, todavía, sin duda, habrá de echar mano de todos los recursos para ganar el poder y eso incluye descalificar al adversario, gastar en exceso, aceptar recursos de procedencia incierta, improvisar promesas de campana inviables, y un largo etcétera. Por lo cual, en efecto, el IFE requiere instrumentos legales que le permitan un desempeno más eficaz y transparente. Esas reformas pasan por el Congreso y los partidos. (El Universal)
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