Zoques festejan a la Virgen de Candelaria

Zoques festejan a la Virgen de Candelaria

El estruendo de los cohetes, la alegría del tambor y el sonsonete del pito anuncian la fiesta en honor a la Virgen de la Candelaria. Como es tradición en la meseta de Copoya, los grupos zoques se organizan para conmemorar con el tradicional baile del Napapok etzé.

Los danzantes comenzaron a congregarse a las 8:30 de la mañana en la casa de Raúl Hernandez, el danzante principal, quien por más de 20 años ha protagonizado con orgullo el baile del carnaval y que hoy se practica en honor a una de las tres vírgenes de Copoya.

Doña Flor Pérez (su madre) dice riendo: “Me sacó a mí, a él también le encanta la danza”, y contó que “a mí la virgen me ha bendecido; recuerdo que mi papá nos daba dos tacitas de maíz para que las fuéramos a vender y tener dinero para que rentáramos la ropa para salir a bailar”.

“Ahora yo la ofrezco con todo el corazón a todos los que bailan, no la cobro aunque me la traigan sucia, porque es una muestra de agradecimiento por tantas bendiciones”, expresa doña Florecita, quien aclara que desde más de 50 años sigue manteniendo la tradición.

El sonido agudo del carrizo del danzante da paso al tamboreo y al son tradicional; el penacho de plumas con un espejo en medio, reluce en el vaivén de las reverencias que hace a las Alacandú, es decir, las niñas reinas.

Dice el maestro Francisco Velázquez de la Cruz, pitero del grupo y quien se ha encargado de investigar el origen de la tradición zoque, que en este día se fusionan los dos bailes más antiguos de la región; el Suyu Etze o baile de las Viejas, y el de Napapok etzé, el baile de la Pluma Llanca, cada uno con su son y su danza.

“De acuerdo a mis investigaciones, es un guerrero vestido de sol, por eso lleva un cetro en forma de cruz modificada, el silbato de orden y lleva en la espalda un cargador de flechas”.

Aclaró que la danza es una fusión con las culturas del centro del país, el sincretismo se dio cuando la cultura zoque solicitó apoyo al poderío nahualt para que interviniera ante el hostigamiento de los chiapa.

Y sustenta que es así porque “en las regiones del estado no se dominó el arte plumario. Y esta es una danza de guerra, los hombres vestidos de mujeres vienen camuflados, el cetro que llevan en su mano es un arma que sirve para pelear”.

El acto ritual se vislumbra en las niñas que representan a la luna, quienes van ofreciendo flores al sol, mientras dan vueltas sobre un eje. “Tiene una visión cósmica, se baila en los días de carnaval, los cinco días muertos del calendario azteca”, destaca. Y aclara que se realiza en honor a la Virgen de Candelaria.

Danzantes, “Viejas”, Alacandús, pitero y tamboreros recorren entre baile y grito las calles de la delegación con dirección a la iglesia de Candelaria. Ahí se da la aglutinación: cientos de feligreses cantan las mañanitas entre mariachis y sones, los somés de maíz con los trastos que cuelgan. El sincretismo es evidente, la catarsis da pie al grito: “Que viva la Virgen”.