Bendiciones y una buena cosecha, son los actos de fe que convocaron a más de un millar de pobladores a la procesión con dirección a la “represa” para que las “Copoyitas”, entre parachicos y los bailes tradicionales de napapok etse, yomo etse y suyu etse, visitaran las parcelas, pidiendo para Tuxtla Gutiérrez y el pueblo de Copoya buenas lluvias.
Entre un mar de campanadas una nube de incienso y la oración de la Virgen María salen de la parroquia de Candelaria, en el parque del ejido; el contingente es encabezado por un grupo de parachichos que entre tamboreos y sones populares, danzan desenfrenados; enseguida vienen los zoques tradicionalistas, que entre pito y tambor realizan bailes tradicionales.
Las calles de Copoya se pintan de rojo, verde, amarillo y blanco, dado por los pétalos de Santa Rosa, la flor de mayo, rosas y juncia que tiran los pobladores afuera de las casas por donde pasa la procesión.
El párroco de la iglesia, Ronai Mendoza Solar, destaca que las imágenes son conocidas como las “Copoyitas”: Virgen de Candelaria, del Rosario y de Olachea María”, siendo esta última “la imagen que preside la peregrinación de este día para honrar a Dios”.
Se trata de un festejo centenario, del cual parte el relato de que hubo un año en el que no llovía y los cultivos se estaban acabando, entonces los principales, junto con el pueblo, decidieron hacer susodicha procesión. Años después acordaron mantener la tradición para que cada primer domingo del mes de agosto se realizara el paseo.
“Es una peregrinación que ya tiene mucho tiempo, nuestros padres y los antepasados venían a pedirle a la Virgen María y a Dios para la siembra, cuando hace tiempo no llovía y sacaron a las vírgenes para que lloviera”, expresa Sarai Gutiérrez, coordinador de Cultura de Copoya.
Hasta hace poco las virgencitas se llevaban hasta El Capulín, un lugar a lo alto de la meseta, para que las imágenes vieran los cultivos de todo el ejido, Suchiapa y Tuxtla, y así pedir por la lluvia, y el milagro así sucedió, la lluvia se dejó caer y los campos volvieron a florecer. Desde entonces cada año se hace el recorrido como muestra de la creencia y de la fe religiosa.
“Anteriormente se bajaba hasta El Capulín, ahí se almorzaba y se hacía la misa; ahorita cuando termina el acto litúrgico, hay personas que lo piden en su casa y ofrecen una comida y termina la procesión con la misa”, explica Francisco Velazco de la Cruz, maestro de danza y música tradicional.
Hoy en día, por cuestiones de seguridad, las “Copoyitas” llegan hasta la ermita que se encuentra en la represa, y al llegar se celebra la Santa Misa presidida por el párroco; comida y el tradicional pozol se reparten entre todos todos los feligreses.












