Después de la Reforma del Estado, la fiscal es la siguiente en importancia para el país. Al parecer hay disposición de los actores políticos y económicos para alcanzar acuerdos y sentarse a negociar incluso los temas que hasta hace poco tiempo parecían irreconciliables, por lo que hay que aprovechar dicha ventana de oportunidad.
Agustín Carstens, secretario de Hacienda, se reunió con diputados de todos los partidos políticos para anticiparles que en septiembre el Ejecutivo federal enviará su propuesta de reforma fiscal y a partir de ahí establecer una ruta crítica de diálogo y negociación que concluya en un solo texto.
Por su parte, en evento por separado, el presidente Felipe Calderón estableció las bases de lo que su gobierno entiende por reforma fiscal: transparencia en el gasto; clara orientación social de los ingresos; acabar con la vulnerabilidad de las finanzas públicas; resolver el problema del federalismo fiscal, y facilitar el pago de impuestos, así como reducir la evasión.
Seguramente los legisladores tendrán su propia versión de lo que debe hacerse con los recursos, y aún cada bancada deberá presentar su propuesta de reforma en congruencia con su respectivo proyecto de nación. Lo importante es que el diálogo no se interrumpa, porque ya se alcanzó el primer gran consenso: valorar la importancia del tema. El gobierno no puede seguir careciendo de margen de maniobra presupuestal, por sus cada vez más exiguos recursos. El petróleo declina como generador de divisas, la economía estadounidense amenaza con entrar en un nuevo ciclo recesivo y los países emergentes que crecen sin mesura amenazan con llevarse inversiones y empleos de naciones como la nuestra.
Es tiempo de abrir el debate y buscar -si no consensos- cuando menos mayorías nacionales calificadas en temas tan delicados como el futuro de Pemex y el sector energético en general; zlo abrimos al capital extranjero? zLe quitamos carga fiscal? Más todavía: zcómo mejoramos la recaudación? Hay quienes de plano sugieren aumentar impuestos a la base gravable existente; otros piden ampliar el número de contribuyentes o bajar el porcentaje de impuestos pero generalizarlos a servicios y al consumo.
Más delicado y de fondo sería también revisar con seriedad el mito del IVA en alimentos y medicinas, para contar con elementos fehacientes que expliquen si tal medida afectaría en realidad a los que menos tienen o a los que más consumen.
En algún momento también se tendrá que entrar a la revisión de los sectores protegidos, los de los regímenes de excepción, los de tasa cero de IVA, a los que se les devuelven millonarias sumas por pleitos mal defendido por los abogados del gobierno, los que evaden millonarias cantidades sin que las autoridades los detecten.
Se debe revisar las atribuciones fiscales de cada uno de los tres niveles de gobierno y la forma en que se distribuye los recursos del Estado. No hay de otra, o le entramos con seriedad al debate fiscal, o el país se estanca en la mediocridad y el subdesarrollo. El tiempo apremia y no hay margen para dilaciones. (El Universal).











