Jorge A. Chávez Presa * El Universal. En el ano 2009 la economía mexicana habrá logrado uno de los peores desempenos de su historia. Formará parte del registro de las otras crisis: 1976, 1981-1982, 1985, 1987 y 1994-1995, aunque el contexto y las causas de cada una de ellas ha sido totalmente diferente. En esta ocasión cabe precisar que se ha dado en el marco de una crisis global sistémica. Más todavía, si la magnitud del choque externo no hubiera bastado, la influenza agravó la situación.
Para México el principal factor de su debilitamiento ha sido la recesión de Estados Unidos, provocada por el colapso de su sistema financiero, la consecuente contracción crediticia a nivel global y la destrucción de riqueza y de demanda agregada. Esto sin dejar de reconocer que una gran falla estructural atraviesa a la economía mexicana, que es la de la hacienda pública. Ésta la hace muy endeble frente a las perturbaciones externas, pues limita severamente la acción del Estado mexicano, especialmente en cuanto a endeudamiento se refiere.
Como ha podido observarse, la profundidad de la falla fiscal supera cualquier contratación de cobertura de precio de petróleo. Al asegurar una cotización de 70 dólares por barril para una parte de la factura petrolera de 2009, sólo se mitigó parcialmente la pérdida de ingresos. Tampoco ha sido suficiente la disciplina fiscal acumulada por casi más de 20 anos, que ha permitido lograr un bajo cociente de endeudamiento gubernamental a Producto Interno Bruto, para con ello tener un reducido costo financiero de la deuda pública. Asimismo, ha quedado rebasada la capacidad de los fondos de contingencia, que se constituyeron con sólo una fracción de los ingresos excedentes provenientes de la explotación al máximo de nuestras reservas de hidrocarburos y de los altos precios del petróleo.
El problema de la falla fiscal tiene que abordarse de una manera más comprensiva e integral, pues de lo contrario los sismos económicos continuarán produciendo danos y no habrá con qué dar impulso para crecer.
El flanco débil, igual que en 1995, se ha presentado una vez más por la recaudación de impuestos, tanto los que se obtienen por el ingreso como por el consumo. La recaudación impositiva se desplomará este ano en 269 mil millones de pesos (mmp), y con la caída de los ingresos petroleros el faltante sumará 480 mmp. En este sentido es importante distinguir al agujero fiscal de este ano con la profundidad y ancho de la falla estructural de la hacienda pública mexicana. No son lo mismo.
Recordemos que el paquete económico aprobado para 2009 contemplaba un crecimiento económico de 1.8%. Ahora se prevé que 2009 en el mejor de los casos registre una caída de 7%. Esta es la principal causa del agujero, que también pone al desnudo la realidad de la hacienda de los tres niveles de gobierno, el federal, el estatal y el municipal.
Ni los fondos de contingencia ni la cobertura ni los excedentes de operación de Banco de México han alcanzado, por lo que han sido inminentes los recortes al gasto por 85 mmp para resolver el financiamiento del presupuesto de este ano. Sin embargo, este ajuste tiene también la siguiente interpretación: la expansión de gasto que se dio al proyecto de presupuesto de egresos de 2009 no fue sostenible.
En consecuencia la capacidad para llevar a cabo una política fiscal anticíclica es sumamente reducida, sumado al hecho de que los márgenes de maniobra para emitir deuda también se han reducido, pues las grandes economías con gran capacidad de recaudación, al incurrir en grandes déficit fiscales, demandarán recursos restringiendo la disponibilidad de fondos. Así, la severidad de la actual crisis ha tenido que enfrentarse igual que las anteriores: con disminuciones a los egresos.
La reforma de la hacienda pública sigue pendiente, no por el hecho de que la recaudación disminuya cuando cae la actividad económica, lo cual es normal. La falla sigue ahí porque hemos financiado el gasto de la operación normal del gobierno con ingresos no recurrentes obtenidos por una mayor producción de petróleo (en octubre de 2004 se alcanzó el volumen máximo de extracción) y por altos precios de petróleo (en julio de 2008 se llegó a la cotización máxima).
La falla sigue ahí porque la recaudación del predial es mínima, porque los subsidios y transferencias han crecido desproporcionadamente y no han sido eficaces, y porque la hacienda pública depende de lo que se hace sólo en el ámbito federal. zSe logrará el acuerdo entre el Ejecutivo y el Legislativo que tanto se necesita, que la política o falta de ella ha negado desde 1997?











