zViaje oportuno?

La creciente interrelación entre Estados Unidos y México no es ciertamente algo que agrade a muchos en los dos países, y mucho menos un tema que esté al margen de encendidas polémicas.

En cualquier actividad humana la simple cuestión de oportunidad, del momento en que se realiza algo, tiene mucho que ver con el éxito o con el fracaso de una gestión. Algunos lo llaman simplemente el momento oportuno. Otros consideran que es una combinación de factores, incluso planificación y audacia.

Tal vez por eso es que la próxima gira del presidente Felipe Calderón a Estados Unidos, con el declarado fin de expresar apoyo a los migrantes mexicanos, en especial los indocumentados, es sujeto ahora de un debate tan duro como sordo en México y de denuncias en EU.

Lo que es evidente es que se trata de una medida de política doméstica, hecha sobre todo para realzar la imagen del mandatario dentro de México con base en su preocupación por los expatriados mexicanos.

Pero algunos aseguran además que no es posible regatear ese respaldo porque lleva la meta de acercarse a millones de mexicanos que tal vez ya no regresen al país aunque mantengan vínculos personales y aun económicos importantes.

Para otros, incluso legisladores mexico-estadounidenses y no pocos diplomáticos, el momento no es el mejor, especialmente en medio de las campanas para la selección de candidatos presidenciales a las elecciones estadounidenses y cuando la derecha nativista parece de capa caída, con sus principales representantes descartados ya.

En esa opinión, ese viaje sólo puede contribuir a soliviantar el ánimo de los nativistas y darles argumentos no sólo para sus diatribas, sino para reunificarse otra vez en torno a grupos que influyan en la contienda del Partido Republicano, el más proclive a la retórica y acción antiinmigrante.

Ciertamente, a simple vista no parecería el momento más oportuno: grupos antiinmigrantes ya anunciaron manifestaciones para protestar por la presencia y las declaraciones del mandatario mexicano; portavoces de la derecha ideológica como el locutor Lou Dobbs, denuncian por su parte el lintervencionismo? del gobierno mexicano en el proceso político doméstico estadounidense.

En otras palabras, la preocupación está en que el viaje del presidente Calderón, menos que una expresión de apoyo, se convierta en un punto de unión y reactivación para las actividades y las acciones de los grupos antiinmigrantes y antimexicanos -que digan lo que digan están calificados por algunos de sus integrantes racistas y neonazis- en perjuicio último del grupo al que se espera beneficiar.

Es verdad que los más visibles elementos antiinmigrantes quedaron fuera ya de la campana presidencial estadounidense. Cierto que aspirantes como John McCain y Barak Obama o Hillary Rodham Clinton tienen un historial de relativo o mayor respaldo a acciones que ayuden a los migrantes. Pero también es un hecho que son políticos y que una derecha soliviantada con banderas que sus seguidores perciben como nacionalistas, como las posiciones antiinmigrantes, puede todavía ejercer influencia en el debate, y no en beneficio de los expatriados.

La irrupción política de la minoría hispana indica que al menos habrá interlocutores en esa discusión, pero no garantiza por sí sola el éxito y de hecho sólo anuncia un mayor encono en el debate.

Desde el punto de vista de la política interna mexicana el viaje del presidente Calderón es bueno y positivo. Para analistas de la política estadounidense hubiera sido mejor otro momento, para no decir que por ahora parece simplemente inoportuno. (El Universal)