Avanza en la Cámara de Diputados una iniciativa dirigida a sustituir en la Ley Federal del Servicio Civil de Carrera el procedimiento de exámenes y competencia entre aspirantes para ingresar a la administración pública, por el más cómodo y etéreo de la confianza dispensada por los funcionarios superiores.
El dictamen correspondiente fue aprobado ayer por la Comisión de la Función Pública, sin discusión, y se considera de tal urgencia que hoy mismo será sometido al pleno para su aprobación.
La iniciativa de modificaciones y adiciones se refiere a una ley en vigor apenas desde abril de 2004, es decir, hace dos anos, y no fundamenta las deficiencias o fallas que el ordenamiento cuestionado haya podido tener en tan poco tiempo, como para suprimir formalidades inexcusables que ayudan a seleccionar a uno de los varios solicitantes de empleo.
Al mismo tiempo, la iniciativa pretende restaurar como justificante de separación o cesantía a la complementaria pérdida de confianza, también sin soporte documental. El Partido de la Revolución Democrática, que presenta la iniciativa, aduce que el gobierno debe contar en los mandos superiores con personal de absoluta confianza y lealtad para la consecución de las políticas planteadas en el Plan Nacional de Desarrollo como consecuencia de las promesas y compromisos de la campana electoral.
La reacción del subsecretario de la Función Pública, expresada de inmediato, es que las enmiendas significan un retroceso que nos reinstala en la época en que para trabajar en el gobierno el único requisito era el tener un amigo o un compadre adentro. Lo que para uno representaba una chamba, para el otro era garantía absoluta de complicidad.
El servicio civil de carrera es un logro que requirió muchos decenios para cristalizar, aunque desde hace tiempo -al igual que en el Ejército y en la Armada- el servicio diplomático y el área financiera poseían un macizo núcleo de funcionarios que ingresaban desde los escalones más modestos y ascendían al ritmo de su desarrollo profesional y en el conocimiento de cada sector.
Sólo en casos excepcionales operaba el privilegio del Ejecutivo para designar a quien quisiera, por razones generalmente de peso político. En la mayor parte del cuerpo gobernante, los funcionarios solían saltar de una especialidad a otra, pues, como genios del Renacimiento, parecían dotados de muchas, diferentes y maravillosas habilidades en grado de excelencia. Ya conocemos el costo.
Tampoco se trata de que los funcionarios se eternicen en un sector por el solo hecho de haberse incrustado oportunamente en el mismo, sino de que muestren cada día que sus capacidades están a la altura de sus tareas, responsabilidades y compensaciones respectivas.
Las iniciativas que representan una vuelta a situaciones del pasado deben ser sopesadas escrupulosamente. No marchamos si nos empenamos en dar un paso hacia delante y otros para atrás. La demanda elemental es que se analice y pruebe de qué manera las disposiciones de la Ley Federal del Servicio Civil de Carrera no han cumplido sus propósitos y cómo podrían ser mejores, pero no a partir de una iniciativa de partido, sino como resultado de un amplio sondeo que aporte datos verificables y con el testimonio de quienes tienen la experiencia directa del problema.
Retroceder en ese asunto puede llevarnos próximamente a modificar y adicionar los ordenamientos sobre transparencia y acceso a la información y otros, hasta que hagamos que el tiempo pasado vuelva. (El Universal).











