El gobierno federal suspenderá gran parte de la inversión en infraestructura para compensar la pérdida de 300 mil millones de pesos por la caída de las ventas de Pemex. Cabe preguntarse: zcuál será entonces nuestra palanca para crecer en los próximos anos? zPetróleo? zManufacturas? zTurismo? zRemesas? Un país que renuncia a la inversión carece de apuesta hacia el futuro.
Antes de recortar lo que, se supone, iba a reactivar la economía del país, el gobierno federal tendría que estar seguro de haber agotado todas las posibilidades. Posee razón el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, cuando dice que sólo existen tres opciones: recortar el gasto, aumentar los ingresos (más impuestos) o endeudarse. Sin embargo, cada rubro tiene sus alternativas.
En el primer punto, el gasto gubernamental, está la clave para la aceptación ciudadana de las medidas. La reducción salarial de la alta burocracia mexicana brindaría legitimidad a las acciones posteriores, aunque por sí mismo el recorte no represente un ahorro significativo en relación a los 300 mil millones de pesos faltantes. Los legisladores deben estar conscientes de esto.
Después, la Cámara de Diputados tendrá que gravar las ganancias de quienes más dinero obtienen, pero que al mismo tiempo cuentan con los mayores recursos legales para deducir impuestos: las grandes empresas. La emergencia es razón suficiente.
Una vez tomadas estas medidas, se justificaría ante las clases menos favorecidas que los municipios asumieran plenamente su facultad para un cobro amplio del predial.
Los países menos afectados por la crisis -China, India, Brasil- apostaron por la inversión. El escenario que el gobierno anticipa para México confirma que nosotros no lo hicimos en el pasado; la crisis no debería ser motivo para cometer el mismo error. (El universal)











